El otro no importa: el creciente egoísmo de la clase media
- Un sector de la población aspira a obtener su propio bienestar sin solidarizarse con quienes sufren exclusión.
- El desprecio hacia el otro crea un tejido social de odio y egoísmo destinado a dividir aún más a la sociedad.
“Ser humano es hacer algo por otro”, decía el filósofo Emmanuel Levinas que después de pasar por Auschwitz apostaba a la necesidad de dejar de mirarse a sí mismo para ver los ojos del rostro del otro. Con la experiencia del menemismo en la Argentina, que revalorizó la importancia de la heladera y el auto nuevo, la ciudadanía parece haber perdido el humanismo al olvidarse del otro. Las acciones, protestas y deseos de un sector de la clase media se dirigen exclusivamente a satisfacer sus propias necesidades y a cubrir su propio espacio de bienestar, sin mirar al costado, sin ponerse nunca en el lugar del otro: el otro que sufre, en la mayoría de los casos, como víctima de una sociedad indiferente que no puede contener a todos.
Sólo cuando el otro empiece a importar será posible empezar a pensar en una Argentina para todos, sin hambre ni inseguridad.
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