El rótulo del docente vs. la personalidad del alumno

Sociedad

*Apenas empieza el año lectivo la sala de maestros se convierte en un tribunal que pone etiquetas.
*minutouno.com consultó a diferentes especialistas que explicaron por qué esta tendencia provoca una pérdida de la personalidad y frustración en el alumno.

Vago”, “Revoltoso”, “problemático”, “que no le da” y “alumno diez”, son algunas de las etiquetas con las que muchos docentes suelen envolver a los alumnos que cargan  no sólo con ese rótulo todo el ciclo escolar, si no también con todo lo que ello implica.

Los especialistas consultados por minutouno.com coincidieron en afirmar que esta tendencia de los maestros a rotular a los alumnos, que pasa de año en año y de aula en aula, como un karma que los persigue -y los perseguirá durante gran parte de su vida- provoca despersonalización, frustración, mala conducta, inhibición, bloqueo y baja autoestima entre otros males.

La cultura del facilismo

La realidad es que en la sala etiquetadora -o bien sala de maestros- cada año los docentes suelen comentar entre sí los alumnos que le tocaron y las características de los mismos que toman, en su gran mayoría, como verdades absolutas.

Para el licenciado en Ciencias de la Educación Pablo Martinez, este fenómeno “pedagógicamente nefasto” tiene que ver con que los maestros recurren a esos métodos porque piensan que así facilitan su tarea. Sin embargo, “no se dan cuenta que en la práctica lo único que hacen es complicársela, porque no conocen al alumno como tal sino a través de la etiqueta que ya viene pegada a la frente del chico como si fuera un paquete”.

Por su parte, la psicóloga especialista en niños y adolescentes Natalia Suarez fue tajante al decir que los rótulos son un modo de violencia y maltrato psicológico que se ve con mucha frecuencia en el consultorio. Y que lejos de revertir la situación, muchos docentes siguen utilizando ese mecanismo que además de impedir el conocimiento del alumno le hacen daño. 



 


"Yo me la pasaba hablando con mi compañera de banco y llamando la atención. Era muy divertido, incitaba a todo el grupo a hacer las pavadas que me surgían. Con el tiempo fui madurando y dejé un poco ese hábito. Sin embargo, los profesores ya me habían tildado como la kilombera y cada vez que el curso hacía algo a mi me llamaban de la sala de directores", contó Emilia (23).



Para Suarez, en las escuelas debería existir un gabinete conformado, además de por psicopedagogos, por algún psicólogo que pueda atender casos particulares dentro del grupo con el fin de revertir la situación junto con los docentes. 


 


Algunas escuelas, conscientes de la tendencia, tomaron medidas, como por ejemplo que las maestras puedan ver el legajo del chico recién al mes de empezadas las clases con el fin de no prejuzgarlo. Ese es el caso de la escuela donde trabaja Marta como docente, que si bien está de acuerdo con erradicar el fenómeno de etiquetar, sostiene que a veces no hace falta que llegue el rumor acerca de alguien porque la observación habla por si sola.

Hacer piel

Las consecuencias de este tipo de prácticas provocan infinitudes de secuelas en la psiquis de estos chicos. La despersonalización es uno de los efectos, y de los más preocupantes. “A veces el chico termina acomodándose tanto  a la etiqueta que le pusieron que no puede cambiar y termina no siendo él mismo”, opinó Martinez.



Suarez agregó que de tanto escuchar que son “burros” –por ejemplo- los chicos lo empiezan a tomar como propio, como una verdad hasta que “se les hace carne” y no se esfuerzan nunca más por cambiar ese estado.


 


"A mi en el cole me habían colgado el cartel de vago. Es verdad que un poco lo era pero cuando me ponía las pilas en trabajos prácticos grupales, el crédito siempre se lo llevaban otros. Al final terminé no haciendo nada si total era lo mismo. Terminaba el año con tres materias en marzo como mínimo", contó Federico (22).



El juego de rotular también llega a generar frustración a lo largo de la vida. Acorde a lo explicado por los especialistas, los chicos al salir del colegio buscan ocupar en otros ámbitos ese mismo lugar que se les había asignado en las aulas y sostenido en base a prejuicios por años.

“Un chico que en el colegio se sacaba todo diez y era considerado el mejor alumno de la clase y al pasar a  la facultad sus notas, si bien no son malas, no alcanzan ese número y además están despojadas de los buenos tratos, crean en el alumno un espacio de frustración. Algo que no suele vivirse de modo muy placentero”, contó Martinez.

Tanto para Suarez como para Martinez los rótulos hacen que los chicos “se terminen creyendo” lo que se dice y piensa de ellos de modo que se internaliza de tal manera que les es muy dificultoso salir de ese lugar.

Por otro lado, en el aula los chicos etiquetados se harán notar de diferentes maneras tales como la  falta de motivación, mala conducta, inhibición, bloqueo y baja autoestima entre otras cosas.

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