#FilosofíaAplicada: aprender a descansar
En medio del receso invernal muchas personas pueden disfrutar de un tiempo de descanso de las actividades laborales pero, ¿realmente sabemos descansar? ¿Somos capaces de experimentar el ocio o acaso necesitamos estar en constante actividad?
A tal respecto, podemos afirmar que hemos perdido el goce de "no hacer nada" por lo que, aún en vacaciones, nos llenamos de actividades y compromisos con tal de mitigar la sensación interna de que "perdemos el tiempo". Por ello, una cuestión más que interesante aquí es la de saber si esta sensación es adquirida o innata, intentar desentrañar si este malestar ante el tiempo que discurre sin ninguna actividad por parte nuestra proviene de una "naturaleza" o de una educación recibida a lo largo de los años.
Históricamente el ocio ha tenido interpretaciones contrapuestas, con sus defensores quienes pugnaban por tener momentos de inactividad para desarrollar una reflexión profunda sobre nuestras vidas (de hecho puede sostenerse que la filosofía nace del ocio) y sus detractores quienes pretendían encontrar el sentido de la vida humana en el desarrollo constante de tareas de diversa índole. Así pues, podemos sostener que en la actualidad ha sido quizás esta vertiente la que goza de mayor aceptación, imponiéndose una idea productiva del tiempo en donde cada minuto debe de "gastarse" con eficacia y eficiencia y donde el descanso o el tiempo libre son vistos como meras instancias de recuperación para facilitar la continuación laboral.
De esta manera, al llegar al momento de la pausa, nos encontramos contrariados y buscamos imprimir al descanso la lógica del empleo, organizando actividades recreativas pero fuertemente planificadas, con tiempos estrictamente estipulados que garanticen un movimiento persistente. Pensemos si no, ¿cuántas veces hemos destinado tiempo a no hacer nada? Y más aún, ¿qué sensaciones experimentamos en este estado de inacción? Posiblemente sobrevenga la culpa o la falta por estar desaprovechando el tiempo. Pero ¿por qué hay que aprovecharlo? ¿Por qué esa obligación de ocuparnos infinitamente?
Tal vez la respuesta a estas preguntas requiera una mayor profundidad que sólo señalar una concepción social mercantilista como responsable de ello; quizás hasta tenga que ver con la necesidad de encontrarle un sentido a nuestras vidas. Por lo general entendemos por "sentido" de algo a aquello que sustenta su existencia, aquello que explica para qué existe y por qué e, incluso, su utilidad. De tal forma, así como sostenemos que un objeto que no sirve para nada no debería tener el derecho a la existencia, entendemos que una vida humana sin utilidad es un desperdicio. Aunque ¿útil para qué? ¿Radica en el hacer o en el ser el sentido de la vida?
A tal respecto es que emerge la necesidad de repensar el concepto de "descanso" y empezar a reflexionar si nuestro rechazo al ocio como momento de pausa y relajación no tenga que ver quizás con el hecho de evitar las preguntas sobre nuestra existencia que suelen aparecer en tales períodos. En efecto, aún para la producción y lectura de este texto se necesita un mínimo tiempo de desocupación.
Por todo ello tal vez debamos aprender a vivenciar el tiempo libre, esto es, a no tomarlo como un simple medio para volver a las ocupaciones con más energía o un espacio "muerto" que hay que llenar con múltiples actividades que se presentan como recreativas pero que a fin de cuentas proponen seguir en movimiento, si no más bien como un lapso para experimentar la vida desde otro lugar, desde otra lógica, dando lugar por qué no a la inacción y al pensamiento veraz sobre nosotros mismos.
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