Hallaron muerta a una testigo medular del juicio por el crimen de Fernando Pérez Algaba
Ariana Yael González había prestado una declaración cardinal durante el debate oral por el homicidio del empresario.
Fernando Pérez Algaba
La investigación por el homicidio del empresario Fernando "Lechuga" Pérez Algaba incorporó en las últimas horas un episodio tan luctuoso como desconcertante. Ariana Yael González, una de las declarantes de mayor gravitación durante el juicio que concluyó con la condena a prisión perpetua de los tres responsables del asesinato, fue encontrada sin vida en su vivienda de Lomas del Mirador.
El hecho desencadenó una nueva pesquisa destinada a dilucidar las circunstancias de su muerte. La mujer, de 36 años, fue hallada en un departamento situado sobre la calle Brandsen al 3500. El alerta fue dado por allegados y, al arribar al lugar, efectivos policiales junto con personal sanitario constataron que ya no presentaba signos vitales.
Según trascendió de las actuaciones preliminares, el cuerpo pendía de una soga atada a una ventana, una escena que motivó la inmediata intervención de los peritos forenses y de la fiscalía competente. González había adquirido una relevancia insoslayable dentro del proceso judicial por el asesinato de Pérez Algaba.
Su declaración fue considerada medular por los investigadores debido a que residía en el inmueble donde se produjo el crimen y, además, había mantenido un vínculo sentimental con Maximiliano Pilepich, uno de los tres imputados que finalmente fueron hallados culpables por un jurado popular.
A lo largo del debate oral, sus manifestaciones permitieron robustecer distintas hipótesis reconstruidas por la acusación acerca del derrotero previo al homicidio. Su testimonio contribuyó a concatenar una serie de episodios que los fiscales consideraron cardinales para esclarecer la secuencia que culminó con el asesinato del empresario.
El caso de Pérez Algaba había provocado una conmoción de alcance nacional por la extrema ferocidad con la que fue perpetrado. El cuerpo del empresario apareció descuartizado y distribuido en una valija abandonada en un arroyo de Ingeniero Budge, un hallazgo macabro que dio lugar a una investigación de enorme complejidad, atravesada por pericias, reconstrucciones y una profusa producción probatoria.
Ahora, el fallecimiento de González vuelve a proyectar un manto de incertidumbre sobre una causa que parecía haber ingresado en su etapa conclusiva tras las condenas dictadas por la Justicia. La investigación quedó radicada en la Unidad Funcional de Instrucción correspondiente, que ordenó una profusa batería de diligencias periciales para establecer con precisión la mecánica del hecho.
Entre las medidas dispuestas figuran estudios tanatológicos, peritajes criminalísticos, análisis de dispositivos electrónicos y la recopilación de testimonios de familiares, vecinos y personas de su círculo íntimo. El propósito consiste en reconstruir con minuciosidad las horas previas al fallecimiento y despejar cualquier zona de opacidad que pudiera subsistir.
Por el momento, los investigadores sostienen que ninguna conjetura puede ser descartada de manera categórica. En consecuencia, permanecen abiertas todas las líneas investigativas, desde un eventual suicidio hasta la posible intervención de terceros o una hipotética instigación, extremos que únicamente podrán corroborarse una vez concluidas las pericias.
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