¿Ingresarán no católicos a las Fuerzas Armadas Argentinas?

Sociedad


  • La imposición fuertemente ideológica del catolicismo como condición casi esencial para pertenecer a las filas castrenses, mantuvo alejado del espectro militar al resto de los credos que se practican en la Argentina.
  • Salvo los protestantes (Testigos de Jehová incluidos), que por principios de antibeligerancia se negaban a seguir carreras como la militar y/o policial, el resto de los aspirantes a soldados de las religiones eran prácticamente eliminados por “default”.
  • ¿Habrá llegado el momento del cambio?

La resolución tomada por la ministra de Defensa respecto a eliminar la antigua prioridad de declarar el culto al que pertenecían los aspirantes a ingresar a la milicia, es un paso adelante en materia antidiscriminatoria en instituciones que tradicionalmente profesaban una múltiple política persecutoria contra los no católicos.



Según fuentes de la DAIA consultadas por minutouno.com, “hubo miembros de la colectividad judía que siguieron la carrera castrense en especialidades como médico o ingeniero, pero en la estructura militar se les ponía un techo a sus grados impidiéndoseles el ascenso a rangos mayores”.  Quienes profesaban la fe musulmana corrían igual designio que los judíos en las Fuerzas Armadas: Había un techo (oficial medio) del cuál no podían pasar.


 


La medida de producir un cambio cultural en los militares eliminando de los legajos de ingreso la declaración de culto de cada aspirante a lucir un uniforme de las Fuerzas Armadas Argentinas, es un paso promisorio dado por la ministra Nilda Garré.     

Quien más alto llegó en las Fuerzas Armadas bajo esta política discriminatoria de preferencia a los practicantes católicos en desmedro de los seguidores de otros credos, fue el ahora retirado coronel Mohamed Alí Seineldín. De origen druso (un grupo interno dentro del islamismo) pero convertido al catolicismo, Seineldín tuvo que dar reiteradas muestras a lo largo de su carrera en el Ejército de su profesión de fé católica. Como los drusos se habían asentado en una de sus primeras inmigraciones en la provincia de Catamarca, Seineldín reivindicaba su devoción por La Virgen del Valle, lo cuál era visto con mucha desconfianza por sus superiores a partir de la actividad pública que tuvo el coronel después de la Guerra de las Malvinas. Mientras los generales le miraban desconfiados, sus pares y subalternos lo admiraban sin preguntarse por el origen de su fe religiosa.


 


Pero el escollo más importantes que debían soportar los no católicos que acendraban una real vocación militar, eran los planes de estudio y las llamadas hipótesis de conflicto que durante gran parte del siglo XX se estructuraron en el seno castrense argentino.



La teoría de política internacional que figuraban en los manuales de estudio militares estuvieron formulados por filósofos de confeso antisemitismo. Uno de ellos, Carlos Alberto Sacheri, discípulo del presbítero de reconocida prédica nazi-fascista Julio Meinvielle, presidió la Sociedad Tomista Argentina y fue un permanente consejero e ideólogo desde 1967 en todos los escritos asignados como materia de estudio en los institutos militares. Sacheri fue asesinado por un comando del Ejército Revolucionario del Pueblo en 1974.



Su protector, Julio Meinvielle, publicó en 1937 un libro “de culto” en las filas del antisemitismo castrense y de sus epígonos civiles: “Qué saldrá de la España que sangra”. Revistó como profesor en las escuelas militares (al menos del Ejército y la Fuerza Aérea), intervino en la organización de la Acción Católica Argentina y su permanente prédica contra los credos no católicos, hizo lugar a que obviamente ningún joven con vocación militar pero de origen judío o islámico se atreviera a ingresar en instituciones castrenses -que, como en la Argentina- eran vistos como enemigos, y perseguidos bajo esa discriminación.



Otro de los filósofos bajo cuya prédica en los institutos militares hizo imposible la participación de hombres que no profesaran el catolicismo, fue el escritor Jordan Bruno Genta (1909-1974). Léase que dice de Bruno Genta la enciclopedia Wikipedia: “(...)su ideología ultracatólica, antisemita, nacionalista, elitista  y anticomunista impregnó a las Fuerzas Armadas Argentinas, sobre todo a la Fuerza Aérea Argentina...”.



El 27 de octubre de 1974 la fracción peronista del “Ejercito Revolucionario del Pueblo” (ERP-22 de agosto) lo ultimó al salir de su casa y frente a su familia.



Coincidentemente, Sacheri, Meinvielle y Bruno Genta tuvieron participación ideológica en la formación del grupo nacionalista “Tacuara”, germen que años después dio lugar al origen de “Montoneros”.



Estos filósofos influyentes en la ideología y planes de estudio militares fueron quienes espantaron a islámicos y judíos que quisieron seguir su vocación militar. Y quienes resistieron esta imposición, después fueron segregados impidiéndoles que ascendieran a los rangos militares superiores.

Hace unos cuantos años que ya los programas militares ni las hipótesis de conflicto de la Argentina no esbozan cuestiones como las que plantearon estos ideólogos del odio y la segregación. Tampoco se enseñan actualmente en claustros castrenses imbecilidades como que los judíos quieren quedarse con la Patagonia para construír allí una “sucursal” de Israel (el llamado “Plan Andinia”) ni se dan como textos de estudio obligatorio libelos estilo “Los Protocolos de los Sabios de Sion”.



La medida de producir un cambio cultural en los militares eliminando de los legajos de ingreso la declaración de culto de cada aspirante a lucir un uniforme de las Fuerzas Armadas Argentinas, es un paso promisorio dado por la ministra Nilda Garré. Si el resto de los prejuicios también son eliminados y los programas de estudio responden a concepciones propias de los tiempos modernos, seguramente propenderán a una reconciliación de civiles y militares, que es lo mejor que puede ocurrirle a una Argentina con pretensiones de mejorar su calidad de vida institucional.

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