Desprecio por la vida

Sociedad

El 24 de febrero a Miguel Camacho lo detuvieron por manejar alcoholizado. El test de alcoholemia le dio 1.74. Circulaba por Pilar.

Ese día, la justicia de faltas le aplicó una sanción, y le retuvo la licencia por 60 días.

Sin embargo, Camacho tenía 30 días para apelar la sanción. Es decir que mientras tanto podía seguir manejando con un certificado provisorio. El 24 de marzo, le vencía el plazo de la apelación o pago de multa, y él no había cumplido.

El domingo, a las 8 de la mañana, volviendo de una fiesta, y otra vez alcoholizado, Camacho manejaba su Eco Sport por la autopista del Oeste a la altura del kilómetro 37.5.

En ese tramo, en la mano que da a Luján, atropelló y mató a Elio Arrigo, de 63 años, quien practicaba ciclismo con casco y ropa identificatoria.

Lo cierto es que Camacho volvió a violar el límite de alcoholemia. Esta vez, le dio 1.28 de alcohol en sangre. Lo dejaron preso por homicidio culposo agravado y desobediencia.

Ante el fiscal, admitió que estuvo en un cumpleaños, pero relativizó su ingesta de alcohol diciendo que sólo había tomado las tres latitas de cerveza que hallaron en su camioneta.

De la velocidad a la que iba dijo que no superaba los 70 kilómetros horarios.

Del otro lado, el drama de la familia de Arrigo. María Florencia fue clarita y contundente: "quien sale a manejar un auto alcoholizado, maneja un arma. Y eso no tiene perdón".

Por ahora, Camacho está preso. Difícilmente con la figura penal que le imputan, lo mantengan detenido. En general los excarcelan, y llegan al juicio libres.

Sólo allí, de forma esporádico, algunos tribunales aplican penas de cumplimiento efectivo para esta clase de casos.

Lo que está claro es que este hombre ya estaba sancionado. No le importó nada. Salió igual a manejar y mató. Puro desprecio por la vida

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