La historia de Leo, el delivery que recorre la Ciudad en silla de ruedas para mantener a su hijo

Sociedad

La pensión que cobra no le alcanza y pese a su discapacidad, todos los días recorre cuadras y cuadras para entregar los pedidos.

Leo tiene 41 años y sale todos los días a las calles para ganarse la vida. Lo hace en silla de ruedas y trabajando como repartidor de delivery, en una rutina marcada por el esfuerzo, la constancia y el deseo de salir adelante pese a las dificultades.

Necesito un trabajo para mejorar mi calidad de vida y darle lo mejor a mi hijo. Tiene 15 años y ahora que entró al colegio tengo muchos mas gastos. Tengo una pensión y los pedidos me ayudan, pero no llego a fin de mes”, manifestó en diálogo con C5N.

Leo cobra una pensión no contributiva por discapacidad, de unos 315.000 pesos. Estos últimos meses, le sumó unos 400.000 pesos mensuales por las entregas para Rappi. Recurrió a este trabajo porque no podía solventar sus gastos y los de su hijo.

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Pero el trabajo como repartidor le incrementa los gastos en otros aspectos: las cubiertas se gastan más rápido, las ruedas pequeñas de plástico también. “Cambiar cada cubierta me cuesta 90.000 pesos. El cemento se las va comiendo y las tengo que cambiar cada tres o cuatro meses”, cuenta Leo.

Cada día, Leo recorre las calles de Morón y Belgrano durante seis a ocho horas, navegando por veredas en mal estado, rampas inexistentes o mal construidas, y cordones que se convierten en barreras casi infranqueables. “Hago más o menos 60 mil pesos por día y eso me ayuda un poco”, contó Leo.

Soria tiene una discapacidad motriz que le impide moverse sin una silla de ruedas. Es una limitación que tiene desde bebé por una mala praxis durante un tratamiento por meningitis. "Ahora me cortaron un insúmo y no sé porqué me lo sacaron", se lamentó.

"Tuve que hacer Rappi porque es mi forma de trabajar. No me salva pero me ayuda en el momento. Pero estoy buscando una oportunidad laboral en atención al cliente", contó Leo.

En el caso de Leo, la principal dificultad que enfrenta cuando busca un empleo es la falta de adaptación de los espacios de trabajo. “Es algo bastante básico que asumimos que ya está, pero todavía falta mucho. Tanto en los edificios como en las calles. Todavía cuesta la inserción laboral de las personas con discapacidad motriz. Los lugares no tienen rampa, los baños no son accesibles o el espacio mismo de una oficina no está adaptado”, explica Leo.

La falta de accesibilidad no solo lo perjudica para conseguir un trabajo, sino también para buscarlo. “Fui a dejar mi currículum a la sede de una municipalidad de zona norte pero no pude entrar porque solo había escaleras”, manifestó.

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