Las mujeres infieles ya no necesitan inventar una coartada perfecta

Sociedad

*La idea de que sólo los hombres son los que engañan y las mujeres las víctimas que sufren la traición no existe más.
*Al ser independientes en lo profesional y económico ya no se ven obligadas a inventar excusas para ausentarse de sus casas.
*La oportunidad del engaño está al servicio de las que desean concretarlo. minutouno.com te acerca la palabra de los especialistas y los testimonios de las protagonistas.

Ella se lastima en la calle y un apuesto joven con acento francés la ayuda a la levantarse. Acto seguido él la invita a subir a su departamento para curarla. Hay tensión en el ambiente y miradas que despiertan suspiros pero la mujer se hecha atrás y recuerda que llega tarde a la salida del colegio de sus hijos. A los pocos días vuelve a visitarlo con la excusa de agradecerle el buen gesto que había tenido para con ella. Baile va, baile viene, terminan enroscados apasionadamente en la cama. Es el comienzo de la traición en el matrimonio de Connie (Diane Lane) y Edward  (el apuesto Richard Gere) en la película “Infidelidad”.


El médico, el dentista, el ginecólogo y el personal trainer son potenciales amantes.     


En pleno siglo XXI y una vez derribado el mito de que sólo los hombres son infieles, las mujeres dejaron de ser las pobres víctimas de la historia para ponerse de igual a igual con “los traidores”. Hoy la infidelidad no entiende de sexo ni de edad. Forma parte de la vida del ser humano y es una fantasía que movida por un impulso irrefrenable se concreta.

“No cualquier mujer puede ser infiel. Algunas se comportan de esa manera porque están pasando por una situación de malestar seria, de desamor o por qué no de revancha hacia un hombre que se comportó mal con ellas. Muchas buscan llamar la atención de su pareja. Otras simplemente lo viven como una travesura con alguien que las vuelve locas”, comentó a minutouno.com la doctora en Psicología Nélida Gastaldi, consultora especialista en pareja y familia y miembro fundador del CIAP (Centro de Investigación y asesoramiento en psicología).



La ocasión hace al ladrón

Si una mujer pretendía ser infiel 50 años atrás tenía que inventar una mentira tras otra para estar fuera de su casa por algunas horas y dejar suspendidas las tareas domésticas sin levantar la sospecha de su marido. Actualmente, con un papel ganado en el terreno laboral les resulta más fácil materializar la infidelidad.

Ha surgido una nueva raza de mujer: joven, independiente, exitosa, profesional. Le han enseñado que ella es igual al hombre así que “levanta” a los que le gustan. Eso es lo que dice Janick De Oliveira Cézar en su libro “Infidelidad”.

Para Gastaldi, la mujer de hoy tiene mayor autoestima y nivel adquisitivo que le otorga poder y hace que no dependa del hombre como antes. “Está expuesta a actividades y salidas en el medio laboral. Se ve más seducida y buscada por los hombres aunque vale aclarar que no por esto toda mujer que trabaje será infiel”, destacó la especialista.


Hay mujeres que colapsan frente al engaño y se enfrentan a los distintos desenlaces.         


Las citas al médico, dentista, ginecólogo o el personal trainer son otras de las situaciones en que puede nacer un affaire. De Oliveira Cézar explica que, en general, las señoras o señoritas que entran a un consultorio en plan de seducción son instantáneamente reconocibles: zapatos de taco alto, faldas cortas o jeans ajustados.


 


“Yo ya veía lo que se me venía. Casi sin mirarla llené una ficha con sus datos. Cuando le pregunté: -¿estado civil?, ella me contestó con una sonrisa: -soy casada pero sigo muy interesada doctor”, cuenta como anécdota un médico en el libro "Infidelidad".

Vivir lejos de la pareja estable, incluso en diferentes provincias o países, puede ser la coartada perfecta para que la mujer infiel se pueda desenvolver con tranquilidad en su lugar de residencia.

Este el caso de Lucila, una estudiante de medicina que reside en Buenos Aires y su ex novio vive en Córdoba. “Nunca se enteró, era muy fácil esconderlo porque él estaba a 800 kilómetros y la única persona que se lo podía contar y que teníamos en común era una amiga que nos presentó y que guardó mi secreto”, contó la chica que engañó a su pareja durante 3 meses.

El engaño tiene patas cortas

Lo que en un principio forma parte de una aventura, con el tiempo se convierte en un cargo de conciencia que impide continuar con la infidelidad, más aún, si con la pareja estable todo marcha sobre ruedas. Dicen los especialistas que llega un momento en la vida de las infieles en que ellas colapsan frente al engaño y se enfrentan a los distintos desenlaces.

“Fui infiel pero no lo disfruté porque me sentí culpable. Me gustó el sabor de lo prohibido pero después de que me acosté con otro tipo que no era mi novio me angustié mucho y sentí un gran vacío. Lo que más me entusiasmó fue la adrenalina de la situación pero fue un brote de lujuria que pagué carísimo. Terminé dejando a mi chico y tampoco vi más al otro”, cuenta Magalí, que se quedó sin el pan y sin la torta.


Las mujeres que entran a un consultorio en plan de seducción son instantáneamente reconocibles: taco alto y polleras ajustadas.


Las maneras de terminar con el affaire son distintas según cada historia y cada mujer. Para Gastaldi, muy pocas no soportan la culpa y le cuentan verdad a sus novios o maridos. Otras, cortan la relación con el amante de manera repentina sin dar explicaciones y algunas terminan con sus parejas por propia decisión. “A veces dejan a sus novios o maridos y forman una relación seria con el amante”, finalizó la especialista.

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