¿Los argentinos importamos las cuchilladas de los guerrilleros peruanos y colombianos?

Sociedad


  • Después del asesinato de los tres policías bonaerenses, ahora se sabe, casid e manera extraoficial, que hubo amenazas anónimas contra efectivos de esa fuerza.
  • Pero la policía estaba con la guardia baja...


La sensación de vulnerabilidad extrema que se extendió por la sociedad argentina después de conocerse las autopsias de los tres policías masacrados en La Plata el viernes pasado, fue seguramente el punto de impacto que buscaron conseguir los asesinos en su raíd sangriento por el Comando Radioeléctrico bonaerense.

El silencio de los organismos de derechos humanos frente a las 21, 19 y 18 puñaladas recibidas por los policías, aturde tanto como lo harán los manifestantes el próximo martes 30 de octubre reclamando la aparición de Julio Jorge López, tras un año del misterioso incidente ocurrido luego de su denuncia judicial contra el represor Miguel Etchecolatz.


    Casi extraoficialmente, ahora se sabe que hubo amenazas anónimas lanzadas al voleo anticipando una venganza contra policías bonaerenses.


Casi extraoficialmente, ahora se sabe que hubo amenazas anónimas lanzadas al voleo anticipando una venganza contra policías bonaerenses. Esas intimaciones fueron realizadas hasta horas antes del 30 de septiembre pasado, cuando se cumplió el primer aniversario de la desaparición de López. Aunque algunos jefes policiales se esforzaron por hacer trascender que ellos no solo no formaron parte de los escuadrones de la represión, sino que tampoco les satisfacía el accionar de Etchecolatz,  la impresión que recibieron es que desde alguna organización aún no identificada (o al menos, no públicamente) se les quería impartir alguna represalia violenta. Se tomaron las medidas de seguridad en vísperas del 30 de septiembre, pero pasada esa fecha se volvió al relajo político-institucional aún en la propia fuerza. Nadie esperaba semejante barbarie como la que se desató contra los tres efectivos platenses, pero la policía estaba con la guardia baja... o se la hicieron bajar desde el ámbito político provincial.

Que el Presidente de la Nación tenga que decir públicamente que no se solucione el caso “embocando perejiles”, más que un mensaje a la policía parece ser una advertencia al gobernador Solá y al ministro Arslanián.


  Que el Presidente de la Nación tenga que decir públicamente que no se solucione el caso “embocando perejiles”, más que un mensaje a la policía parece ser una advertencia al gobernador Solá y al ministro Arslanián.   


¿Tuvieron algo que ver los dichos de Kirchner con la versión emanada desde la Gobernación de La Plata acerca del presunto delincuente-psicópata que recién habría abandonado la cárcel y buscaría la venganza contra uno de los policías asesinados? Si un feroz criminal con alteraciones mentales fue excarcelado sin internación psiquiátrica y se convirtió en el Freddy Krugger del gobernador bonaerense, alguien debería hacerse responsable de semejante dislate en la seguridad.

Pero las cuchilladas recibidas por los policías obligan invariablemente a remitirse al accionar violento de dos grupos guerrilleros que ya han acampado en la Argentina: Sendero Luminoso (extinguida como guerrilla y con dedicación casi exclusiva al narcotráfico), y las FARC colombianas.

Veamos apenas un ejemplo, un informe publicado en el portal de una Ong peruana , acerca de un múltiple asesinato concretado por Sendero Luminoso contra policías, autoridades locales y candidatos electorales en las localidades de Ajoyani y Antauta el 2 de enero de 1993. Después de un relato minucioso de los hechos, el informe sostiene que “...Al momento de la ejecución los senderistas hicieron una distinción: los civiles fueron muertos con disparos de armas de fuego, en tanto que los policías fueron ejecutados a cuchilladas”. Y más adelante concluye el informe pintando un cuadro muy conocido en la Argentina de los últimos tiempos violentos: “el grupo de subversivos... detonó una carga explosiva en la Plaza de Armas y prendió fuego al bus robado y al local de la Municipalidad”.  Algo parecido a ciertas puebladas que lejos de ser espontáneas vienen siendo fogoneadas por grupos afines a organizaciones con las que coquetea el poder nacional y bonaerense.


 


Y siguen las coincidencias entre el accionar de estos grupos y lo ocurrido en La Plata la semana pasada. El 18 de agosto del 2003, el alcalde del municipio colombiano de Suaza, Gentil Bahamón Obando, fue asesinado en su cama a cuchilladas por tres individuos pertenecientes a las FARC que se dieron a la fuga. Según la Federación Colombiana de Municipios, en el 2003 fueron asesinados cinco alcaldes en ejercicio de su mandato en Colombia, todos acuchillados por miembros de las FARC. Y estos datos no son propaganda de los servicios de inteligencia: se encuentran en cualquier buscador de Internet.


Una fuente confidencial le informó a minutouno.com que en la próxima marcha por la aparición de Julio López se arrojará propaganda reivindicatoria del triple crimen del Comando Radioeléctrico.    


Los informes locales que siguen dando vueltas por la red, dan cuenta de misteriosas reuniones en el Hotel Bauen de Buenos Aires (hace pocos días fue la última), en las que habrían participado miembros de esas fuerzas irregulareres centroamericanas y delegados de organizaciones combativas argentinas. También se relató en las últimas horas que presuntamente un grupo (se desconoce cuál) se habría adjudicado la muerte de los policías. Y una fuente confidencial le dijo a minutouno.com que en la Gobernación bonaerense se tiene conocimiento de que la semana próxima, en una nueva marcha por la desaparición de Julio Jorge López, se arrojará propaganda reivindicatoria del triple crimen del Comando Radioeléctrico.

Resulta escalofriante que en la Argentina sucedan estas cosas ante la pasividad y/o complicidad de las autoridades locales.


Es cierto que hay no uno, sino varios psicópatas libres, y que la mezcla de psicopatía con subversión importada (léase Senderistas o las FARC) es un cóctel tan explosivo que ninguna sociedad puede resistir sin resquebrajarse en sus entrañas.

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