Los Barras 2007, "chicos bien" que se matan por tener el liderazgo y la plata del tablón

Sociedad

El asesinato del hincha de River, Gonzalo Acro, producto de la feroz interna que viven “Los borrachos del tablón” posibilitó analizar, entre otras cosas, el perfil del barrabrava argentino, que históricamente estaba asociado a sectores marginales y a la pobreza. Por lo pronto, en el club de Nuñez muchos "chicos bien" forman parte de la pesada del tablón.

Adrián Rousseau tiene 30 años y vive en el coqueto barrio de Las Cañitas. Fue empleado del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y patovica de una disco de Núñez. Alan Schlenker, en tanto, vive en Barrancas de Belgrano y ambos paraban en un gimnasio de Monroe y Cabildo, en pleno corazón de Belgrano. William, hermano de Alan, también forma parte de la barra y en los últimos días se lo vinculó sentimentalmente con la actriz Moria Casán.


 


"Sectores no marginados con prácticas marginales"



Gonzalo Acro, el joven asesinado, se había recibido de periodista deportivo en la escuela Deportea, anhelaba conducir un programa partidario del club de sus amores y había sido contratado como empleado de mantenimiento en River por la sorprendente suma de $5.700.

Para Marcelo Langieri, secretario académico de la carrera de Sociología de la UBA, con este último incidente se derrumba el mito de que todos los hechos de violencia social pertenecen a sectores marginados. “Eso que pasó en River tiene como protagonistas a sectores no marginados, pero que tienen prácticas marginales”, expresó a minutouno.com.

Para el periodista deportivo Norberto “El Ruso” Verea, este problema también excede al fútbol y opinó que parecería ser que en la Argentina hay una realidad que tiene que ver con que en el país todo lo que parezca malo “es culpa de los negros”.

“La gente acomodada de la barra de River forma parte de un status que es muy tentador. El mismo chico que le pide un autógrafo a un ídolo del club dice ahí va Alan”, graficó Verea, que fue arquero de Independiente.

Los hermanos Schlenker son hijos de Alejandra Graciela Belmartino, una abogada de 56 años con una calificada formación que incluye un postgrado en Harvard. También se especializó en la mediación y elaboró un proyecto de ley que tiende a la institucionalización de las barras bravas, cuyos miembros gozarán de derechos y obligaciones.

"Planteado mi carácter de madre de dos supuestos “Barrabravas, violentos delincuentes”, según los medios, acepté el desafío de proponerme analizar intelectualmente el fenómeno de la hinchada, desde lo humano, lo institucional y lo jurídico, lo que requerirá algún tiempo, bien no renovable que no me sobra, a pesar de dormir relativamente pocas horas", dice en una de sus notas pertenecientes a su blog.


 


Entre trompadas, liderazgo y poder



Para Verea, el hecho de que estos "chicos bien" formen parte de la barrabrava de River no tiene que ver con conductas propias de un nivel educacional, sino de movimiento del estamento en el que conviven.

“Pudieron haber sido criados en los mejores colegios pero cuando forman parte de este tipo de organizaciones se manejan de esa forma porque si no pierden poder. "Si yo no me cago a trompadas puedo perder liderazgo y dinero”, graficó el periodista.

Para Langieri, el fenómeno de la violencia en el fútbol no está ajeno a la sociedad y es un problema de otra complejidad. “Hay una crisis de valores en la Argentina que no hay que analizarla desde el fútbol, porque se desplaza el interrogante. No lo situemos como si fuera un problema de la pobreza, es una degradación de la clases sociales”, sostuvo.

En su opinión, el fútbol es una vitrina porque es uno de los pocos ámbitos en el que conviven los diferentes sectores sociales.  Además puntualizó que este deporte se practica en un ámbito con luchas de poder por todos los recursos que mueve. “El fútbol mueve fortunas y es un lugar de sociabilidad y en su seno hay una serie de disputas. Hay una acceso a muchas cosas y existe una fantasía de que cualquiera puede formar parte del negocio, desde la dirigencia o siendo barrabrava. Se acabaron las hinchadas que sólo tenían bombos”, insistió.

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