Ocaso vacacional: de las olas y el viento a terapia sin escalas
*Después de una convivencia de tiempo completo –para los que tuvieron la suerte de vacacionar-, los conflictos familiares se disparan y aumentan las consultas psicológicas.
*Las diferencias que se taparon con actividades a lo largo del año quedan expuestas en el tiempo dedicado al descanso.
¿Puede ser que sentada en la reposera, mirando el mar y con el mate en la mano, uno piense que a la vuelta va a separarse del marido, o que va a hacer una consulta porque su hijo está realmente insoportable? ¿Puede ser que, a modo de revelación, se descubran conflictos o se dimensionen de otra forma los viejos conocidos de siempre?
Y los números confirman esta tendencia: según datos del Centro Dos, en esta época las consultas psicológicas registran un incremento que, este año, llega al 42 por ciento.
“Los conflictos que surjan durante las vacaciones van a tener que ver con el momento que se esté transitando –aclara Castillo-. Si hay un malestar en la pareja no es que las vacaciones vayan a hacernos decidir algo, pero puede pasar que en marzo, cuando se pone el motor en marcha, surjan inquietudes y se planteen cambios”. Frente a esto, la especialista aconseja darse un tiempo y no tomar decisiones apresuradas, entender que hay todo un malestar inherente al regreso que se suma a los conflictos que se registraron en el verano. “Si es necesario, hay que consultar con un profesional y no hay que tener miedo porque nadie te va a decir si tenés que separarte o no tenés que hacerlo, la decisión la toma cada persona”, subraya.
Y si bien estamos hablando de la “resaca vacacional”, la psicoanalista también rescata los aspectos positivos que pueden volver en la valija, junto con la ropa sucia: “Muchas veces los padres descubren que los hijos crecieron, notan lo grandes e independientes que están y esto puede provocar un cambio en la mirada que se confirma cuando se van a comprar los guardapolvos para el colegio”, señala. En la pareja, las vacaciones también pueden dar lugar a un reencuentro y a un redescubrimiento del otro, que muchas veces se desdibuja en la vorágine de lo cotidiano y de las obligaciones que nos absorben en los distintos roles de trabajadores, padres, amigos y demás.
Entonces, si en enero y febrero estuvo apretado el botón de pausa y en marzo se puso “play”, conviene elegir una pista que suene bien y que sugiera reflexión, tiempo para adaptarse a las nuevas actividades y cuidado para no tomar decisiones apresuradas.
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