Ocaso vacacional: de las olas y el viento a terapia sin escalas

Sociedad

*Después de una convivencia de tiempo completo –para los que tuvieron la suerte de vacacionar-, los conflictos familiares se disparan y aumentan las consultas psicológicas.
*Las diferencias que se taparon con actividades a lo largo del año quedan expuestas en el tiempo dedicado al descanso.

¿Puede ser que sentada en la reposera, mirando el mar y con el mate en la mano, uno piense que a la vuelta va a separarse del marido, o que va a hacer una consulta porque su hijo está realmente insoportable? ¿Puede ser que, a modo de revelación, se descubran conflictos o se dimensionen de otra forma los viejos conocidos de siempre?

Cristina Castillo, psicoanalista, coordinadora docente y supervisora de pareja y familia del Centro Dos, dice que sí, que efectivamente durante las vacaciones se pueden hacer visibles cuestiones que, a lo largo del año, quedaron ocultas entre las páginas de agendas apretadísimas. “Las consultas aumentan porque la gente sufre una especie de resaca vacacional: es común que exista un estado de sopor y que cueste volver al ritmo, aunque no es una depresión, sino la típica angustia –entendida como cierto grado de molestia- frente a algo que concluye. Además, el atracón de convivencia familiar puede plantear desencuentros que, en marzo, llegan al consultorio cuando se registra que algo no está funcionando bien”, dice la especialista.


 


En marzo, las consultas psicológocas aumentan porque la gente sufre una especie de resaca vacacional.    

Y los números confirman esta tendencia: según datos del Centro Dos, en esta época las consultas psicológicas registran un incremento que, este año, llega al 42 por ciento.

Aunque las vacaciones no hayan sido tan ideales como se las imaginaba, se las añora porque terminaron y marzo suele ser un mes de angustias: “El fin de las vacaciones se junta con el arranque del año, de los proyectos laborales y se suma al inicio de las clases de los hijos, con los gastos que eso conlleva”, explica Castillo y agrega a esto el peso del conflicto familiar que se puede haber hecho patente en las vacaciones. Indudablemente, una suma que resta energía y que lleva directo al consultorio del psicólogo. Según la psicoanalista, el tercer mes es el que da inicio al año y trae movimientos en todos los aspectos de la vida de las personas, que se hacen más preguntas y muchas veces se deciden a pedir entrevistas con un profesional para que los ayude a resolver ciertas cuestiones que los están angustiando.

“Los conflictos que surjan durante las vacaciones van a tener que ver con el momento que se esté transitando –aclara Castillo-. Si hay un malestar en la pareja no es que las vacaciones vayan a hacernos decidir algo, pero puede pasar que en marzo, cuando se pone el motor en marcha, surjan inquietudes y se planteen cambios”. Frente a esto, la especialista aconseja darse un tiempo y no tomar decisiones apresuradas, entender que hay todo un malestar inherente al regreso que se suma a los conflictos que se registraron en el verano. “Si es necesario, hay que consultar con un profesional y no hay que tener miedo porque nadie te va a decir si tenés que separarte o no tenés que hacerlo, la decisión la toma cada persona”, subraya.


 


Al malestar inherente al regreso se suman los conflictos familiares que se hicieron más visibles en las vacaciones.    

Y si bien estamos hablando de la “resaca vacacional”, la psicoanalista también rescata los aspectos positivos que pueden volver en la valija, junto con la ropa sucia: “Muchas veces los padres descubren que los hijos crecieron, notan lo grandes e independientes que están y esto puede provocar un cambio en la mirada que se confirma cuando se van a comprar los guardapolvos para el colegio”, señala. En la pareja, las vacaciones también pueden dar lugar a un reencuentro y a un redescubrimiento del otro, que muchas veces se desdibuja en la vorágine de lo cotidiano y de las obligaciones que nos absorben en los distintos roles de trabajadores, padres, amigos y demás.

Entonces, si en enero y febrero estuvo apretado el botón de pausa y en marzo se puso “play”, conviene elegir una pista que suene bien y que sugiera reflexión, tiempo para adaptarse a las nuevas actividades y cuidado para no tomar decisiones apresuradas.

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