Treinta y cuatro tiros para una ejecución narco. Treinta y cuatro tiros para un mensaje mafioso

Sociedad

Para dirimir poder, para marcar territorio, o simplemente por dinero, los narcos se matan a tiros. Sus ataques son crueles, no dejan dudas, ni dobles lecturas.

Cuando un narco mata, queda claro que el que mata es un narco. Tira a matar. Los ataques son desmedidos.

En este caso, cuatro hermanos fueron acribillados, ejecutados cuando se despedían de su madre e intentaban subir a un auto, en la villa 1-11-14.

No les dieron chance a nada. No tuvieron chance de defenderse. Los ejecutaron. En total fueron 34 balazos. La mayoría hicieron blanco.

En este expediente, las víctimas son paraguayas. En otros casos, peruanos, en otros casos, argentinos. La bala narco no discrimina, mata por igual.

Cuando se comete una masacre así, el autor puede buscar dos cosas. Sólo matar, o matar y dejar un mensaje a otros. El mensaje ahí sería: "El negocio es mío, con nosotros no se jode, y el que jode puede terminar muerto".

Pero hay más. Una hipótesis de trabajo es que el ataque fue orquestado por un narco que cumple prisión domiciliaria y que se sintió traicionado.

Todas las semanas nos asomamos a historias como éstas. Es cierto que en otros casos las víctimas son una o dos, y por eso, casi ni trascienden. Los narcos llegaron para quedarse. Eso está claro. Por ahora, la batalla, la siguen ganando.

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