Padres ciegos: cuando la realidad supera la fantasía
* Les expican a sus hijos videntes de la dificultad de sus padres y los niños lo toman como algo normal.
* Los protagonistas cuentan sus historias en minutouno.com
Algunas personas nacen ciegas, otras van perdiendo la visión en forma paulatina hasta que llega un momento en que dejan de ver definitivamente y hay quienes lo sufren como consecuencia de un accidente. Sin embargo, continúan adelante con sus proyectos y no renuncian al sueño de formar una familia y tener hijos.
Por lo general, si los niños son videntes, sus padres les explican desde chiquitos sobre las dificultades que ellos presentan y lo viven como algo natural porque son criados de esa forma y ayudan en todo lo que pueden a sus progenitores. minutouno.com te cuenta algunas de estar historias de amor.
“Mis hijos son mis ojos”
Desde hace 11 años integra la selección de fútbol de no videntes (Los Murciélagos) y por intermedio de su hermano conoció a quien hoy es su mujer, una persona vidente.
“Todo pasa por el corazón. Me los imagino muy bien, uno con el tacto se maneja bien y me doy cuenta de la piel que tienen”, dijo Oscar en relación a la imposibilidad de poder verla a ella y a sus dos hijos –también videntes- Karen (4) y Brian (2).
Oscar expresó que desde que sus dos hijos eran muy chiquitos les explicaron -junto con su esposa- de su imposibilidad para ver. "Cuando gateaban y veían que los podía llevar por delante me ponían una mano para que no los atropellara. Ellos observaban que la madre los esquivaba y yo los chocaba", alegó.
Recién ahora “El muro”, como lo apodaron en la Selección por ser un defensor difícil de superar, se está animando a salir sólo con Karen para hacer las compras o ir a buscar a su mujer al colegio en el que estudia.
“Ella me avisa si viene una moto o un auto y me alerta cuando está por llegar el colectivo que tenemos que tomar. Tenemos un amor de locos con ella y Brian, ellos son mis ojos”, expresó emocionado.
Padres ciegos, hijos videntes
Rubén Rosales (47) es disminuído visual de nacimiento y fue perdiendo su visión en forma paulatina ya que tenía una opresión ocular –conocida como glaucoma- que anula la vista de a poco. A los 17 años quedó ciego.
“Al principio fue muy duro. No es que lo aceptáss sino que te acostumbras”, recordó en diálogo con minutouno.com. En esos angustiantes momentos contó con la ayuda y el apoyo de sus familiares íntimos que no le dieron la espalda, especialmente su padrino que lo llevo a un lugar donde hizo rehabilitación y le enseñaron a usar el bastón que utilizan los ciegos.
Pese a esas dificultades, Rubén trató de ser lo más independiente posible y a los 19 años decidió viajar a Buenos Aires donde estudió periodismo deportivo en la escuela de Fernando Niembro y Marcelo Araujo, y al poco tiempo ingresó a trabajar en la Secretaría de Industria y Comercio de la Nación, donde ya lleva 27 años cumpliendo la tarea de encuadernación de los libros de la biblioteca.
También comenzó a vincularse con la Asociación Pro-ayuda a no videntes, una institución deportiva y cultural en la que Rubén es dirigente. Por su trabajo en esta agrupación conoció a su mujer, una traductora de inglés –no vidente como él- a la que entrevistó por teléfono para trabajar en la institución.
Con ella tuvo a Franco (8) y Milagros (2 ), sus hijos que sí pueden ver. “Para mi el hecho de no poder verlos es normal porque siempre supe que era así y apostamos a que nacieran bien y eso significó una inmensa alegría. No me replanteo el hecho de poder verlos para no generar un clima lastimoso”, agregó.
Rubén comentó que cuando Franco era chiquito y le daban de comer en la boca, él mismo se daba cuenta y buscaba con la boca a la cuchara. "Lo tienen asumido, para ellos es normal”, dijo Rubén, que muchas veces lleva a su hijo a la cancha cuando juega San Lorenzo, una pasión que heredó de su padre.
“No te hacen señas, te llevan la mano, van hasta lo que quieren"
Cuando tenía solamente tres meses, Manuel Miño (36) padeció meningitis que derivó en glaucoma y que lo dejó ciego. A los 29 años coincidió con una mujer en un curso de telemarketing para personas no videntes, a quien había conocido a los nueve años cuando se encontraba haciendo la rehabilitación en un colegio primario para no videntes.
Su mujer tenía un nene de otro matrimonio (Ricardo) y juntos concibieron a Jezabel (5),
a quien deben operar de cataratas en su ojo izquierdo – anteriormente había sido intervenida del derecho- y como también integró el equipo de “Los Murciélagos”, sus ex compañeros realizaron un partido a beneficio el pasado sábado y la recaudación del evento se utilizará íntegramente para la intervención, que será el mes próximo.
“No me preocupa el tema de no poder verla. Lo que pasa es que al ser ciegos sus padres, los chicos se crían en ese ambiente y ellos mismos desde bebés empiezan a pedir cosas. “No te hacen señas, te llevan la mano, te indican, van hasta lo que quieren, se adaptan a la situación, para ellos es algo normal”, dijo.
Con respecto a la crianza de sus hijos, Manuel explicó que se les inculca sobre el padecimiento de sus padres desde muy chiquitos. "Mi nena sabe que no se tiene que alejar de nosotros, ni soltarse de la mano de mamá y papá", concluyó.
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