Pare de sufrir... en vacaciones

Sociedad

*Verano y disfrute no son sinónimos y, de hecho, son muchos los que se angustian a pesar de estar descansando en un lindo lugar.
*Para los melancólicos, especialmente, el tiempo libre enciende una luz roja que requiere atención.

Sufrir y disfrutar no son tan espontáneos como puede pensarse: muchas veces son los mandatos sociales los que indican cuándo y cómo debe aparecer cada sentimiento. Así como frente a un divorcio hay que sufrir y cuando llegan las Fiestas hay que disfrutar, el verano y las vacaciones son los momentos del año en los que la alegría, la felicidad y la energía deben estar a pleno.

Sin embargo -y más allá de las publicidades que no muestra más que sonrisas en la playa-, no todas las personas disfrutan de la misma manera y de las mismas cosas.

Cristina Castillo, psicoanalista, coordinadora docente y supervisora de pareja y familia del Centro Dos, explica por qué algunos se salen de la norma y se ponen a sufrir: “Las vacaciones, como todo corte, implican un proceso de angustia y hay personas que se plantean muchas exigencias: quieren hacer dieta, ejercicio, limpiar la casa, ver todos los estrenos de cine y piensan disfrutar a full cuando, en general, pueden menos de lo que se proponen”, dice la psicoanalista.

La psicoanalista sugiere, entonces, separar las vacaciones en varias escapadas cortas a lo largo del año, lo que puede ser más adecuado en función de la salud mental.    

Sin duda, idealizar el veraneo y poner el pie en la arena con altas expectativas puede hacer que el choque con la realidad sea muy fuerte: el tiempo que no está tan lindo, el hotel o el departamento alquilado que no luce como en las fotos y la malla que no queda como se esperaba se suman a la convivencia de la pareja o de la familia que de pronto se encuentra viéndose la cara 15 días durante 24 horas. O con la soledad, que cuando no es elegida, también es fuente de tormento.

“En el tiempo libre, se cambie o no de espacio geográfico, no va a pasar nada que no sea inherente a la estructura de la persona -plantea Castillo-, y el que tiene una estructura melancólica se va a melancolizar con la primera gota de agua que caiga. Cada persona disfruta de una manera distinta y muchos necesitan tener vacaciones absolutamente pautadas, por eso los all-inclusive con actividades desde la mañana hasta la noche, que plantean ‘Ojo, no te aburras’, apuntan a este tipo de gente”, señala la especialista y explica que las vacaciones enfrentan al vacío, a la nada, al tiempo no pautado.

Según Castillo, el tiempo de descanso es un escenario para muchas cosas, y si se trata de una persona con características de melancolización, puede ser un escenario para el sufrimiento: “La persona melancólica la pasa mal y la familia que tiene que compartir ese tiempo con ella, también”.

La psicoanalista sugiere, entonces, separar las vacaciones en varias escapadas cortas a lo largo del año, lo que puede ser más adecuado en función de la salud mental de aquellas personas melancólicas que no pueden estar mucho tiempo en un lugar. “No generar demasiadas expectativas y plantear vacaciones más cortas y con alguna pauta, aunque sea para que se la pueda transgredir, puede ser más adecuado”, propone.

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