Se trata de Lucas Matilla, un repartidor de 25 años que tenía pedido de captura por su presunta vinculación con la banda de roba abuelos.
Lucas Matilla, un repartidor de 25 años que tenía pedido de captura por su presunta vinculación con la denominada "Banda de La Cheta", fue detenido este jueves durante un operativo realizado en la localidad de Quilmes.
La noticia se da luego de que la Policía detuviera en la noche del miércoles a otras dos personas vinculadas con la banda,dedicada a asaltar al menos a 12 ancianos en distintas localidades del sur del Conurbano. Entre los apresados se encontraría un estudiante de la Universidad de Morón.
Las tres detenciones se suman a la de otros nueve integrantes de la banda, que están en prisión preventiva por el riesgo de fuga e interferencia en la investigación.
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En octubre, el juez de Garantías de 4 de Berazategui, Damián Véndola, dictó la prisión preventiva para la universitaria Tamara "La Cheta" Blanco (22), su novio Emmanuel "Ema" García (22) y los otros imputados, por conformar una "asociación ilícita" que cometió una docena de robos calificados.
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Los otros siete acusados que quedaron presos son Nahuel Peratta, Gastón Alba, Federico Ibarra, Claudio Stonge, Martín Van Kemenade, Mariano Ruciechi y Federico Ibarra.
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El juez avaló el pedido que había hecho la fiscal Atarían Mena y también dejó a Blanco imputada por encubrimiento, ya que en su poder la fiscal encontró una laptop robada en uno de los asaltos.
Las escuchas telefónicas a la banda son una de las principales pruebas que incriminan a los acusados. En ellas, se oye cómo el sindicado líder de la banda, "Ema", habla con otros imputados sobre la planificación de los robos, sobre los "tíos" (abuelos) que debían asaltar y los "paquetes" (botines) obtenidos en los robos.
También queda claro en las escuchas que tanto Tamara como su madre, sabían que García robaba y era investigado por la policía, e incluso que éste le daba a su novia parte del dinero que conseguía robando.
Algunos de los imputados también están comprometidos por los reconocimientos que las víctimas hicieron sobre objetos robados secuestrados en sus domicilios.
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