El show no debe continuar
Títulos que parecen sacados de una película picaresca de los años 80. Un imputado por femicidio se paseó por un programa de entretenimientos con total impunidad. Y un conductor interrumpió el relato de los familiares de una víctima para dar una noticia de espectáculos. Todo esto sucedió en menos de 15 días en los medios nacionales. Es tiempo de que se interpelen a sí mismos.
Nahir Galarza siempre es noticia y el seguimiento es constante.
(Foto de Internet)
Victor Hugo Nosach está imputado por femicidio.
Las cifras parciales de femicidios impactan en los medios y en la sociedad pero no dejan de ser números fríos, helados, si ponemos en contraposición que hablamos de mujeres, adolescentes y niñas. A veces, incluso, no le podemos poner un rostro y poco sabemos de sus historias, sus intereses, si tenían o no contención o cómo se vinculaban con sus familias o amigues. De lo que sí nos enteramos es que una vida fue nuevamente coartada por la violencia machista.
Párrafo aparte para todos las historias que no se tratan porque no llaman la atención de la prensa como por ejemplo todas aquellas, mujeres y niñas, que son víctimas de la explotación sexual o están desaparecidas.
Es triste e increíble pero al instante de escribir la oración anterior, y sin hacer nada de esfuerzo, se me vinieron los nombres de Fernanda Aguirre, Marita Verón, María Cash, Florencia Pennachi, Daiana Garnica, Sofía Herrera y de tantas otras que no sabemos dónde están y que representan una herida abierta que no deja de doler. A ellas hay que seguir recordándolas.
En este espacio y en este día tan especial voy a tratar de repensar juntos la labor de los medios y de todes les comunicadores, desde un medio.
A veces parece que olvidamos la enorme responsabilidad que tenemos al informar y ante la propagación de los femicidios, que son cada vez más violentos, les comunicadores debemos de una vez por todas tomar cartas en el asunto y no depende de nadie más que de nosotres. Si no te gusta el lenguaje inclusivo, te digo nosotros y nosotras, así no desvías la atención.
Muchísimas investigadoras feministas han teorizado sobre cómo la “espectacularización” de los casos de violencia de género y femicidio logran -más allá de dar a conocer el hecho- revictimizar a las víctima, vulnerar a familias destruidas, focalizar más en la mujer que en el propio victimario, y por más que exista un juzgamiento del agresor por sus actos monstruosos, no es suficiente.
Incluso, muchas veces sucede que cuando llega la noticia de un nuevo asesinato, la “información” que se tiene es la declaración testimonial del propio femicida.
Pará, pará, pará, ¿vos me estás diciendo que utilizan como fuente la declaración del agresor?; Si. ¿Asombroso?; Sí, pero real.
Los vicios de los medios
Se viralizó un triste challenger hace pocos días por redes sociales que nos invitaba a googlear nuestro nombre junto a la palabra “hallada”. Los resultados son escalofriantes, no solo por el hecho en sí, sino porque parece que los y las comunicadores no se animan a titular como corresponde la noticia.
Nadie me sabe explicar muy bien por qué en los medio se utiliza el eufemismo “hallaron muerta”, cuando en realidad nos asesinan, nos masacran, nos queman vivas y nos violan. No cuesta nada hacer el cambio, sin embargo nos siguen “hallando” descartadas cuál cosas en descampados.
Ni hablar de la cloaca que son las redes sociales a las cuales alimentamos con titulares como “Encontraron el cuerpo de una boliviana enterrado” o "Se paso de fogoso y terminó detenido". Como si fuera una “jodita para Videomatch” miles de personas -hombres y mujeres- califican una noticia intencionalmente mal titulada sobre un nuevo femicidio y otro sobre un abuso sexual con un Me divierte porque eso es lo que vale una muerte o una violación en esos antros en donde nadie da la cara y se ocultan atrás de un perfil para decir cualquier barbaridad con tal de ser un fan destacado.
La semana pasada un joven llamado Naim Vera asesinó en Catamarca a su pareja con un odio sin igual. Y en el marco de un brutal femicidio, algunos medios no tuvieron mejor forma de ilustrar la noticia con una foto de la víctima en ropa interior.
¿Había otras fotos de la víctima? Si. ¿Lo hicieron a propósito? No. Pero tampoco les importó, no les hizo ruido. ¿Alguien se ocupó de pedir fotos de la chica a la familia o investigar un poco más?. Claramente no.
¿Los medios somos responsables?. Claramente sí.
El punto es que se sigue vulnerando a la víctima con la misma violencia machista que lo hizo Vera. ¿Con la misma? Sí.
Uno de los programas que lo hizo fue “Corta por Lozano”, que se emite por la familiar pantalla de Telefe, y suele tratar de forma responsable este tipo de casos pero “se les escapó la tortuga”, y ante las críticas, rápidamente Verónica Lozano salió a disculparse.
Los ejemplos abundan. El viernes durante el nuevo programa de Guillermo Andino -hombre de imagen pulcra, mediáticamente “verosímil” y buen padre de familia, ponele-, en medio del testimonio de los padres de Wanda Taddei, irrumpió una placa de “ÚLTIMO MOMENTO”. De forma urgente se fueron a un móvil y comenzó una nota a Carmen Barbieri que hablaba sobre la salud de su hijo.
Al volver al piso Jazmín Stuart y Raquel Vivanco llamaron la atención sobre esto y juzgaron en vivo la forma de manejar la información como mercancía. Sin esta interpelación, jamás se le hubiera cruzado por la cabeza al afamado conductor pedirle disculpas a los padres de una víctima de femicidio.
El minuto a minuto, las impresiones, los clicks y la instantaneidad hace que la tan afamada ética periodística, a veces, desaparezca y se generen títulos o situaciones con una crueldad asombrosa.
Para la información masiva, al igual que para la violencia machista, las víctimas de femicidio son desechables.
Derribando mitos
- Los femicidas sin rostro
A veces me pregunto -o se preguntan (calculo)- por qué se pone la foto de los femicida con la cara “blureada” o tapada. La respuesta técnica es que hasta que no haya una sentencia firme no se los puede mostrar.
Pero hay excepciones…
Voy a usar un ejemplo remanido pero que no por eso deja de ser un caso de testigo sobre cómo se desarrolla una noticia y como los tecnicismos desaparecen.
Pondré el foco, una vez, en Nahir Galarza quien sin estar condenada, no solo, le vimos la cara sino que además la conocimos en ropa interior, vimos fotos de viajes con su familia y hasta supimos de sus gustos sexuales.
- La víctima y no el femicida
¿Por qué digo que el Caso de Nahir Galarza es testigo? Primero, porque hay pocas personas en la Argentina a las que haya que contarles “quién es” y “qué hizo”. Y además porque derriba “mitos” de la prensa y de la sociedad.
Los femicidios suelen conocerse por el nombre de la víctima, pero casi como un paradigma a imitar este caso sucedido en 2017 se conoce por el nombre de la victimaria y estoy segura que si le pregunto a 10 personas como se llamaba la víctima, pocos recordarán el nombre de Fernando Pastorizzo.
- El seguimiento de los casos
El tercer mito derribado es que sería imposible generar un seguimiento de los casos debido a la vorágine de la información y de la actualidad.
Todo eso cierto hasta que googleás el nombre de Galarza.
La disfunción del estado
La ineficacia del Estado se ve desde muchísimos lados, más aún luego de 4 años de desinversión macrista. Por algo la consigna de este 8 de Marzo es “La deuda es con nosotres, ni con el FMI ni con las Iglesias".
Falla desde la contención y el acompañamiento, hay ausencia de asesoría legal y protección integral. La lista es inmensa. Ni hablar que casi ningún eslabón de la cadena para denunciar un abuso sexual o caso de violencia de género funciona como tiene que funcionar. Y si hablamos de funcionar, ni siquiera lo hacen los botones antipánico.
En este sentido, el nuevo Gobierno da una luz de esperanza luego de que haya dado respuestas concretas como la creación del Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad que tendrá el titánico trabajo de regularizar todos estos temas. Además, Alberto Fernández anunció la presentación del proyecto de aborto legal que mandará al Congreso para que de una vez por todas las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo sin morir en el intento.
Volviendo al tema, si lo vemos desde el punto de la noticia es urgente la necesidad de datos oficiales e información para que los medios no tengan excusas en el tratamiento responsable de estos temas.
Con respecto a esto, la semana pasada sucedió un hecho asombroso. Un imputado por femicidio participó impunemente de un programa de televisión de entretenimientos conducido por Lizzy Tagliani, y la producción del programa no tenía ni idea de quién era la persona que tenían en cámara.
Entiendo que es imposible que un productor pida un certificado de antecedentes penales para que alguien participe, pero tampoco puede ser que un femicida se vanaglorie por la televisión abierta.
Nuevamente, los televidentes informaron a la conductora del programa lo que había sucedido, y al instante ella pidió disculpas a la familia de la víctima.
La condena social y quién controla a los medios
Para finalizar este raconto de situaciones desafortunadas, queda por decir que la condena social sirve y ayuda, pero en realidad lo que se necesita es un cuestionamiento o una interpelación desde los mismos espacios informativos.
Se necesita que de una vez por todas nos sentemos a pensar que si no informamos con responsabilidad somos parte del problema y no de la solución.
Sin responsabilidad periodística tampoco va a haber “Ni una menos”
Por ahora, los medios también están en deuda con nosotres.
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