Refugiados: entre la angustia de huir y la discriminación al llegar

Sociedad


  • Dos refugiadas contaron a minutouno.com cómo es vivir huyendo.
  • También sus experiencias en nuestro país: agradecimiento, discriminación y hasta participaciones en "Cantando por un sueño".

Amina (50) vive cara a cara con la discriminación. Se la encuentra cada vez que intenta subirse a un colectivo para ir a trabajar. “El colectivero me grita que me baje  o que entre por la puerta de atrás, y si paro un taxi cuando me ve el color de piel acelera o me obliga a bajarme. Yo les digo que no se dieron cuenta que estamos en el siglo 21 y que la discriminación no va más”, cuenta desde su cama en una pensión de Congreso donde intenta sobreponerse a una enfermedad.

Ella es una de los 4000 refugiados que vive en nuestro país bajo el amparo del ACNUR, departamento de la Organización de las Naciones Unidas para refugiados, de los cuales un tercio (casi 1400) son mujeres que provienen de provienen de 66 países, de todos los continentes. Todas han llegado aquí huyendo de conflictos armados o de amenazas a su vida, seguridad o libertad por causa de su raza, religión, nacionalidad, grupo social u opiniones políticas.

Bougouma (“Buguma”) tiene 42 años y llegó a la Argentina en 1998 escapando de la miseria y matanzas indiscriminadas en Senegal. Primero llegó su marido, con quien tiene 6 hijos, pero que años más tarde partió a Italia.

Huyeron por problemas políticos, en medio de una Guerra Civil que los perseguía y sabían que en Argentina les podría brindar tranquilidad y trabajo algo que, finalmente, encontraron a medias. “La gente de acá es buena y cariñosa y se presta para charlar”, sostiene Bouguma que vive en Merlo aunque, a su pesar, comenta que también siente el peso de la discriminación.

Apenas llegué me gritaban negra de mierda y a mi me daba mucha rabia porque no dominaba bien el idioma y no podía defenderme. Ahora salto enseguida porque no lo acepto, a mi nadie me va a hacer sentir mal por mis orígenes o por mi color de piel”. Sus hijos más chiquitos también lo sufren en la escuela con compañeritos que los señalan como especímenes. “Mirá los negros, mami”, cuenta Bougouma que suele escuchar a la salida del predio escolar.

En dialogo con minutouno.com cuenta que todos los meses recibe una mensualidad aunque ella preferiría poder conseguir un trabajo para obtener ingresos por sus propios medios. Tarea que se le dificulta ante los rechazos con los que tropieza en cada búsqueda.

Refugiando refugiados 

“Hay gente que pasa dos o tres meses en mi casa porque no tiene donde ir. Yo no los puedo echar porque son personas y pasaron la misma que yo. Otras chicas que no tienen dinero se prostituyen. Yo trato de darles contención, hablar y darles una mano pero mucha veces no alcanza”.

Después de casi 10 años, Bougouma se siente sola y dice no poder más. Desea poder viajar a Italia donde además de su marido se encuentran algunos de sus familiares. Quizás seguirán los problemas económicos pero con la compensación afectiva.

Increíblemente en su experiencia criolla, la mujer también se topó con el fenómeno de Cantando por un Sueño. “Mi hijo fue a cantar al programa, y Tinelli se divertía charlando conmigo al aire. Pero cuando necesitamos su ayuda, miró al costado. Éramos muchos y yo no tenía el dinero para ir hasta el canal, por eso cuando me vinieron a buscar de su productora no me interesó"

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