"Salame", "perejil" y otros: todos los insultos gastronómicos
Alguna vez te habrán dicho algo así. O tal vez fuiste vos quien lo lanzó. ¿De dónde vienen? Las respuestas, en esta nota.
A veces, comer en un restaurante puede pasar de ser una ocasión placentera a ser un motivo para lanzar insultos al aire, ya sea por los mozos, el chef o el anfitrión del lugar. Eso sí, siempre se puede mantener el estilo gastronómico a la hora de pasar la factura.
La revista Planeta JOY hizo un ranking de los mejores insultos que se pueden hacer en restaurantes, para perder la compostura, pero no el buen gusto.
1. Sos un SALAME. Clásica expresión argentina para despreciar a quien consideramos bobo. En lunfardo, se usaba la palabra salame -tonto, torpe- para nombrar al primer novio que la nena traía a casa; el infeliz dejaba de llamarse así sólo cuando los hermanos de la muchacha finalmente lo aceptaban en la familia. ¡Ojo! No confundir “salame” con “salamín”. Este último se refiere más bien a un tipo olvidadizo, despistado y atolondrado.
3. ¡Pero qué PAPAFRITA! Un papafrita no necesita presentación. Sabemos que es un gil (o perejil) que se recibió con el mejor promedio en la Universidad del Salame. Otra vez, el lunfardo es responsable de este insulto, ya que considera que un papafrita es un tonto con honores, al igual que un papanata o un paparulo. La papa es un tubérculo que ha dado, sin dudas, muchísima letra para ofender al prójimo, pero también para elogiarlo (una mujer hermosa es una papa) o para decretar una verdad absoluta (aquí está la papa). Y por qué no para decir que algo es fácil (es una papa).
4. ¡Que no juegue! ¡Es un QUESO! El queso tiene muchas acepciones. En lunfardo, puede utilizarse para nombrar a una mujer hermosa (¡es un queso!) o para referirse a la repartija de una ganancia oportunista (dividir el queso). Ahora, si queremos dañar al otro, también podemos decirle “queso”, que en el argot criollo significa “torpe”, pero lo más probable es que no nos entienda porque se trata de un insulto bastante pasado de moda. Sólo en el fútbol esta palabra adquiere brillo propio y es lapidaria. Estar en la tribuna de All Boys y gritarle al Ogro Fabiani que es un queso sería el ejemplo perfecto.
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