Se acaban las vacaciones: qué hacer con los amores de verano

Sociedad

*Las relaciones que surgieron en el marco del relax de las vacaciones pueden tener un futuro incierto lejos de la arena.
*Aquí, algunas reflexiones para el momento de hacer la valija.

Conocer a alguien desde la reposera y con el mar de telón de fondo es claramente diferente a cruzarte con el amor de tu vida en pleno ajetreo de la oficina: la situación más relajada y la mayor predisposición al disfrute van a  teñir una relación que puede ser efímera o tener una vida larga pero que deberá superar, sin duda, el cimbronazo que implica volver al ritmo habitual.

Andrea González, psicoanalista y Coordinadora Institucional del Centro Dos, plantea que si en la relación hay amor, en principio no va a haber grandes diferencias: “El encuentro se debe al azar tanto en la ciudad como en la playa, pero el acercamiento no es azarozo en ninguno de los dos casos, porque una persona mira a otra de acuerdo a rasgos específicos que le llaman la atención –dice la psicoanalista-. Si hubo solamente piel y un buen vínculo, lo más probable es que no prospere al cambiar de ámbito, puede ser que se encuentren un par de veces pero que quede ahí, de la misma forma que ocurriría con alguien que se conoce en un lugar para bailar, que puede prosperar o no”, señala.


Si fue sólo piel, lo más probable es que la relación no prospere, dice la psicoanalista Andrea González.    

Con el regreso a las actividades cotidianas,  pueden darse dos situaciones diferentes: una, que la pareja viva cerca y pueda verse con relativa facilidad y otra, que el gran cambio esté dado por una separación y por el planteo de una relación a la distancia. Y la realidad muestra que nada es concluyente: a veces, los enamorados viajan para verse y terminan formando una familia y, otras, los que resultaron vecinos en la ciudad no llegan ni siquiera a volver a verse fuera del lugar de vacaciones.

“Una pareja que se conoce durante el verano se encuentra en un momento particular de la vida, con 24 horas disponibles, sin exámenes y sin las preocupaciones de lo cotidiano, ahora, al desarmar las valijas, viene el encuentro con el otro en su mundo y en sus actividades rutinarias”, admite González, poniendo el acento en la problemática típica de las relaciones de verano.


 


Sin embargo, para la especialista, no hay etiquetas: "Una relación con un conocido que de pronto pasa al plano del amor y otra con alguien que conociste en la playa, pueden tener el mismo final. No podría asegurarse que una tenga mejor pronóstico que la otra”.


 


Una pareja que se conoce durante el verano se encuentra en un momento particular de la vida, con 24 horas disponibles, ahora, al desarmar las valijas, viene el encuentro con el otro en su mundo y en sus actividades rutinarias.    

González propone desmitificar las relaciones surgidas en el verano y reconocer que lo efímero es más una cuestión del imaginario social, como el Día de la Primavera, en el que se supone que todos se van a enamorar y todos van a ser felices.

“En la etapa de enamoramiento siempre se ve lo más lindo del otro y se muestra lo mejor de uno miso, cosa que va cambiando bastante más tarde”, afirma la psicoanalista y explica que el “choque con la realidad” que puede seguir a la etapa de idealización existe en todas las relaciones, más allá del lugar en el que hayan comenzado, pero que a as relaciones nacidas en las vacaciones se le agrega el "choque con la rutina" y el conocimiento del otro en un aspecto qe nos e juega en la playa: con obligaciones laborales, estresado y con tiempos mucho más acotados.

En síntesis, cuando llega el momento de emprender el regreso, conviene llevarse expectativas reales, que no exageren ni desestimen totalmente una relación que puede tanto nacer y morir en la arena como hacerse urbana y dar frutos inesperados.

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