Karukinka, un destino ecológico en el fin del mundo
En la Tierra del Fuego chilena, este parque reúne bosque subantártico, humedales, estepas, paisaje costero, montañas nevadas, lagos y ríos. Sólo lo visitan 400 personas al año.
Los caminos de Karukinka
Uno de los zorros protegidos de Karukinka
Los paisajes de Karukinka
El acceso a Karukinka
El parque es visitado cada año por apenas 400 personas. Llegan atraídas por su estado prístino y la posibilidad de practicar deportes de aventura, adentrarse en lugares muy lejos del resto del mundo y conocer ecosistemas de gran valor, con especies de flora y fauna únicas. Algunas, en grave riesgo.
Una cuarta parte de Karukinka está cubierta de turberas, humedales ácidos que constituyen un valioso ecosistema tapizado durante miles de años de musgo sobre musgo; capas y capas que han acabado por acumular una riquísima masa orgánica en descomposición, la turba, muy apreciada como sustrato y fertilizante.
Pero su principal valor es otro: sus 75.000 hectáreas son capaces de retener 300 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, mucho más que cualquier tipo de bosque.
El espectáculo de estos humedales está en sus colores -verde y cobre-, y en la variedad de flora y fauna, que incluye desde una pequeña planta carnívora hasta aves como el carancho o el cauquén.
Los antiguos bosques de lenga -con árboles que llegan a superar los 300 años de edad- llaman también la atención del visitante. Este árbol, que puede alcanzar los 30 metros, apenas queda en un arbusto de tamaño medio cuando crece a gran altura o se encuentra en zonas en que el viento lo tumba e impide su crecimiento.
Cuando se acerca el invierno, los bosques subantárticos adquieren un aire de misterio. Sobre todo cuando los cubre la nieve y la estampa parece, a simple vista, una fotografía en blanco y negro. En otoño, en cambio, el colorido de las hojas, rojas, amarillas y pardas, resulta de lo más llamativo, y es entonces cuando resulta más evidente la riqueza del entorno.
Este es el lugar preferido por el zorro culpeo, fácil de ver al borde de los caminos o entre la arboleda, y del tuco-tuco, un roedor de hábito subterráneo y prácticamente invisible a los ojos del senderista.
Muy cerca se encuentra la pampa, inabarcable, por la que corren en libertad más de 60.000 guanacos (llamas) y el litoral del parque, en las costas del seno Almirantazgo, donde es posible observar lobos y elefantes marinos, pingüinos magallánicos, focas leopardo y una gran diversidad de aves interesantes, como el albatros de ceja negra, el cormorán o el pilpilén austral.
La mayoría conllevan el monitoreo de especies, entre ellas, el elefante marino o el albatros. En otras, los estudios están dirigidos a la preservación de ecosistemas, como es el caso del programa en desarrollo para la protección de la estepa patagónica.








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