Alguien dijo alguna vez que Borges es el escritor argentino más citado y, simultáneamente, el menos leído. Algo similar ocurre con los pollos de Mazzorín. Una y otra vez se habla del hecho como un caso de corrupción (aunque la mayoría de los que lo mencionan no pueden hacer una crónica de lo sucedido) cuando, en el peor de los casos, se trató de una mala decisión política.



El gobierno de Raúl Alfonsín ya había superado su primera mitad y empezaban a verse los nubarrones en el horizonte, cuando un lock out  de los productores de pollos (un paro, bah, pero de los patrones) vino a complicar aún más las cosas. En realidad, el conflicto era entre el gobierno, los productores y las grandes multinacionales del ramo, interesadas en mantener los precios altos.

Con una inflación que crecía exponencialmente y para intentar bajar los precios, Ricardo Mazzorín, entonces secretario de Comercio Interior (el cargo que hoy ocupa Guillermo Moreno) decidió importar 38 mil toneladas de pollo de Hungría.

Mazzorín guardó los pollos en frigoríficos alquilados, que costaban mucho dinero al Estado Nacional. Del total importado, aproximadamente un 20% no pudo ser vendido, y se puso en mal estado. Las "multis", enteradas del hecho, hicieron circular el rumor de que había camiones que el gobierno hacía circular cargados de pollos podridos, porque no sabían qué hacer con ellos.

En ese momento se armó el conflicto: La oposición política vió servido el plato en bandeja y aprovechó  la volada para embarrarle más la cancha a un alfonsinismo que se estaba complicando solo. Otro de los mitos que circularon en esa época era que los pollos importados provenían de Chernobyl, la ciudad ucraniana que sufrió el mayor desastre nuclear de la historia.

Una comisión de la Cámara de Diputados comenzó una investigación al respecto. Estaba presidida por Alberto Pierri (PJ) secundado por Alberto Albamonte (UCeDe) que se paseaba por la Plaza de Mayo con un pollo de plástico. Por supuesto, los medios hicieron eco del supuesto fraude.

Se abrieron varias causas que incluían los delitos de malversación de caudales públicos y  pago inadecuado de las cámaras frigoríficas. Sin embargo, en 1995 Mazzorín fue sobreseído.

En la actualidad el ex secretario de Comercio pasa sus días alejado de los medios, convencido de que fueron ellos grandes partícipes de su caída. Prácticamente no da notas, no volvió a aceptar un cargo público y lo único que se sabe de su vida personal es que hace poco fue abuelo. Y que espera que sus “pollos” pasen al olvido.