Morena Beltrán comentarista y el caso Horacio Pagani: un offside crónico
El debut de Morena Beltrán como comentarista expuso prejuicios históricos sobre género en el fútbol argentino.
Al día siguiente del debut de Morena Beltrán como comentarista en transmisiones oficiales del fútbol argentino, Horacio Pagani expresó su visión sobre quién debería hablar de fútbol: según él, las mujeres no deberían hacerlo porque “no juegan desde hace 200 años como los hombres”. En ese mismo planteo también afirmó que “la juventud es una condición, no una virtud”. Dos frases literales, sí, pero con un eje claro: el cuestionamiento no pasa por la capacidad, sino por quién está habilitada —o no— a ocupar ese lugar en un territorio que durante décadas fue casi exclusivamente masculino.
Un día después, y tras la repercusión pública, el periodista publicó un mensaje en X en el que escribió: “Pido perdón si alguna persona del sexo femenino se sintió ofendida. Mi aclaración sobre los dichos que tomaron repercusión pública en las últimas horas”. El posteo estuvo acompañado por un video donde retomó su explicación y volvió a mencionar que “la juventud es una condición, no una virtud”, ya no como frase suelta, sino como parte de esa justificación. El gesto de disculpa convivió así con la reafirmación de una mirada que, más allá de la edad, ya había dejado expuesto un punto de partida excluyente: la idea de que el problema no es lo que se dice sobre fútbol, sino quién lo dice.
La estigmatización es evidente. No importa talento, formación ni experiencia en análisis: el argumento retrocede siempre al mismo punto de origen, la idea de que el fútbol es un espacio “natural” de los hombres y, por extensión, que las mujeres llegan como invitadas, como excepciones, como presencias que deben justificarse más que el resto. Es un sistema de validación desigual que funciona como un offside crónico, pero no por una jugada fina, sino por una línea trazada hace décadas que todavía se usa para medir quién pertenece y quién no.
Mirar el fútbol desde esa lógica es como intentar narrar un partido ignorando la mitad de la cancha. Se ve acción, sí, pero se pierde profundidad, perspectiva y riqueza de lectura. La incorporación de voces femeninas no es una concesión moderna ni un gesto de corrección política: es el resultado tardío de que un ámbito históricamente cerrado empiece, de a poco, a parecerse más a la sociedad que lo consume. No se trata de abrir la puerta: se trata de dejar de bloquear la entrada.
La discusión sobre la juventud aparece, pero es lateral. La frase puede ser cierta en lo literal, aunque queda flotando como argumento accesorio frente a algo más estructural: a los varones jóvenes rara vez se les exige demostrar por qué “merecen” hablar de fútbol. A las mujeres, en cambio, todavía se les pide un plus de legitimidad, un currículum extendido, una validación constante. No es una vara distinta por edad: es una vara distinta por género.
Morena Beltrán funciona acá apenas como caso visible de un fenómeno más amplio. Su presencia no inaugura un privilegio, sino que evidencia una desigualdad histórica: durante años, la autoridad para analizar fútbol estuvo asociada casi exclusivamente a una identidad masculina. El problema no es que hoy haya mujeres hablando; el problema es que durante tanto tiempo no las hubo, y eso moldeó la idea de que lo “normal” era otra cosa.
El fútbol y su relato, en definitiva, no son una foto fija sino una imagen en movimiento. Y lo que incomoda no es que aparezcan voces nuevas, sino que se desarme una vieja ilusión de exclusividad. Porque cuando cambian las voces, no se empobrece el juego: se amplía el encuadre. Y ahí es donde algunos prefieren discutir credenciales en lugar de aceptar que la cancha, por fin, se está pareciendo un poco más a la tribuna.
La autoridad no nace del género, ni se hereda por tradición. Se construye entendiendo el juego y pudiendo contarlo. Todo lo demás —las barreras históricas, las sospechas selectivas, las validaciones desiguales— no son reglas del fútbol: son reglas viejas de un vestuario que hace tiempo dejó de representar a toda la cancha.
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