No todo es Mundial, el rugby también ayuda a chicos carenciados del conurbano

Deportes

Para luchar contra las barreras ideales, y reales, que rodean a este deporte, un grupo de vecinos de Virreyes se juntó para que todos quienes lo deseen, “sin distinción”, lo puedan elegir y practicar. 

Así el rugby, además del beneficio deportivo, le permite a este grupo de entrenadores de San Fernando, realizar una actividad comunitaria. De esta manera nació el proyecto Virreyes Rugby Club, una organización sin fines de lucro, que alberga a 400 jugadores de entre 6 y 19 años provenientes de familias en situación de vulnerabilidad.

"La felicidad es estar satisfecho con uno mismo". La frase de Aristóteles es uno de los pilares del grupo, cuyo mejor try es lograr que los niños se conozcan y forman, en este caso, a través de una pelota ovalada.

“Nosotros sabemos hacer rugby y fue nuestro medio para llegar a los niños”, cuenta a minutouno.com Marcos Julianes, presidente del Virreyes Rugby Club.

Este ex jugador y entrenador del CASI se enorgullece de que “de la nada hicimos un club. Hacemos un esfuerzo en la semana para que los chicos lleguen bien a jugar el sábado, si nos quedáramos sólo con el partido esto sería una parodia”. Por eso apuntan no sólo a que la integración y contención vaya por fuera del campo de juego.

Para acercar los niños, muchos provenientes de familias carenciadas de la zona y el barrio Presidente Perón, fueron aula por aula, hasta reclutar la primera camada de pequeños curiosos.

La socióloga Eleonora Jaureguiberry, tuvo el desafío de poner en palabras las intenciones de lo qué si era y qué no, el Virreyes. Así cuenta a minutouno.com, su experiencia.
 
“Apuntamos a darles recursos para que puedan pensar y que tengan una vida mejor. Entregarles fortaleza a través del deporte”. Entre sus logros cuentan un programa de becas que además de un sustento económico aporta tutorías a los adolescentes, que va desde lecciones en la cancha hasta el seguimiento de sus boletines escolares.

Respecto al tabú generado en torno a esta disciplina, Jaureguiberry destaca que “el rugby hace mucho que no es un deporte de elite”, en tanto que los prejuicios que puedan circular “salen de quienes no conocen bien este deporte”. Y además de la expansión por el interior del país es también desde los clubes más tradicionales como el SIC, el CASI o el Newman, de donde salen los profesionales “solidarios, comprensivos y generosos”, como los hermanos Contempomi (Felipe y Manuel), de Los Pumas, que colaboran con el Virreyes.


 


Julianes coincide: “No es algo privativo, desde hace rato que el rugby si bien no es masivo, se tornó popular. Lo del elitismo viene de una tradición pero esto es ínfimo y actualmente hay clubes muy sencillos donde se lo practica”.

Sobre los nuevos ídolos nacionales, señala que “los Pumas tienen espíritu solidario porque se formaron en clubes. Y mucha de su garra, “viene del espíritu amateur”. 


 


Algo de este espíritu también demuestra Agustín Pichot, al frente la institución Enrique Alberto Pichot que ayuda a chicos de una comunidad toba. “Imagine que alguien se está ahogando y que usted tiene la capacidad de salvarlo. Imagine que antes de hacerlo destinara tiempo para averiguar cómo cayó, juzgara si fue prudente o no, le cuestionara a la víctima no haber aprendido a nadar y le pidiera que no tosa para que se entienda lo que esta diciendo…La respuesta es más simple y contundente: porque hay quienes necesitan ayuda y nosotros podemos brindarla”, explica su intención el referente de la selección argentina.



Por los barrios



El contagio solidario de quienes practican esta disciplina llegó y recayó en otros proyectos. Como el de Floresta Rugby Club, el emprendimiento de Juan Nicolás Marchetti, un vecino del barrio, que hizo realidad su deseo de fundar un movimiento deportivo y social.

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