Un recurso cada vez más frecuente: los últimos juveniles que se fueron por la patria potestad

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El caso de Luca Scarlato en River volvió a poner en debate un mecanismo legal que permitió la salida de numerosas promesas rumbo a Europa sin contratos profesionales.

La salida de Luca Scarlato de River reavivó una discusión que atraviesa al fútbol argentino desde hace décadas, pero que en los últimos años ganó una visibilidad inédita: la utilización de la patria potestad como herramienta legal para que futbolistas menores de edad puedan marcharse al exterior sin firmar contrato con sus clubes formadores. El caso del mediapunta de apenas 16 años no es aislado y se suma a una extensa lista de antecedentes que dejaron a las instituciones locales con escaso margen de maniobra.

Este mecanismo, contemplado en el Código Civil, permite que los padres decidan sobre el futuro de sus hijos cuando no existe un vínculo contractual profesional. En el fútbol, esa figura se transformó en una vía para aceptar ofertas del exterior, muchas veces acompañadas por promesas deportivas y laborales difíciles de igualar desde el plano local. Para los clubes argentinos, implica una situación incómoda: invertir años en formación y ver cómo sus talentos parten sin retorno deportivo inmediato.

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Desde lo legal, la patria potestad no fue pensada para el fútbol. El artículo 264 del Código Civil establece que es “el conjunto de derechos y deberes que corresponden a los padres sobre las personas y bienes de sus hijos”. Sin embargo, el contexto del mercado global encontró allí una grieta que hoy genera debate constante. Para los clubes, se trata de un enemigo silencioso; para las familias, una herramienta para proteger el futuro de sus hijos.

El caso Scarlato volvió a dejar en evidencia un problema estructural que el fútbol argentino aún no logra resolver. Aunque el nombre del 10 de la Séptima del Millonario domina hoy la escena, el primer gran antecedente se remonta a 1996.

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Repaso: las últimas promesas que se fueron de sus clubes por la patria potestad

Aquel año, Esteban Cambiasso utilizó la patria potestad para dejar Independiente y sumarse al Real Madrid, junto a su hermano Nicolás. El impacto fue enorme y marcó un antes y un después.

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Poco tiempo después, en 1999, Boca sufrió un golpe similar con Fabricio Coloccini, quien emigró al Milan en medio de un fuerte conflicto institucional que incluyó sanciones internas.

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Con el correr de los años, el recurso se volvió cada vez más frecuente. River, por ejemplo, perdió en 2019 a Giuliano Simeone, quien se marchó a Europa con apenas 15 años para continuar su desarrollo junto a su padre.

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El club elevó un reclamo formal, pero la FIFA falló a favor de la familia. Más cerca en el tiempo, el Villarreal volvió a aparecer como destino recurrente: primero con Tiago Geralnik, en una operación que incluyó resarcimiento económico, y antes con otros juveniles del país.

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Racing.

Racing.

Vélez también padeció esta situación en dos casos resonantes. Benjamín Garré y Matías Soulé dejaron Liniers siendo adolescentes para continuar su carrera en Europa. Soulé, hoy figura en la Roma, es uno de los ejemplos más claros de cómo estas salidas tempranas pueden derivar en carreras exitosas, aunque para el club formador el beneficio fue limitado.

Matías Soulé

San Lorenzo, por su parte, perdió a Francisco Bonfiglio, otro proyecto ofensivo que partió rumbo al Villarreal.

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