Koala, cerveza modelo PyMe

Economía

“Soy ingeniero metalúrgico, y las vacas no usan tuercas”, asegura Jorge Pinelli. Ese es el motivo principal por el que él y su socio, Hugo Dalimier, empezaron a coquetear con la producción de cerveza, cuando la crisis de 2001 todavía estaba fresca. Así nació Cervecería Koala, la cervecería artesanal ubicada en el barrio de Villa Ortúzar, una de las pocas habilitadas en la Capital.

En el 2003 comenzaron las prácticas; con la malta, el lúpulo y la levadura, haciendo mezclas, logrando sabores y texturas. “Lo difícil no es hacer cerveza, es repetirla” explica Pinelli. “Nos fuimos metiendo en el tema de a poco, y aprendimos de uno de los popes del tema, que es Carlos Spina. Así fuimos haciendo algunos barriles”.

No es sencillo habilitar una PyMe dedicada a la cerveza. “tardamos tres años con todos los papeles; más de un inspector tuvo como 6 mil razones para demorarme la habilitación” recuerda, entre el sarcasmo y la bronca, Pinelli. La habilitación definitiva llegó en agosto de 2006.

La empresa

“Nosotros hoy tenemos una capacidad productiva de 4 mil litros mensuales, de los cuáles en promedio vendemos unos 1300. La empresa va a ser rentable cuando alcancemos los 2000” aseguran los socios, y agregan: “ahí recién vamos a dejar de poner plata”. La idea final es llegar a los 3 mil litros por mes.

Para comparar tamaños, Pinelli ejemplifica: “Nuestra producción es de 480 hectolitros anuales, Quilmes produce 15 millones”. Pero claro, la inversión inicial del Koala fue de U$S 30 mil, “en maquinaria, equipos, alquiler, barriles propios, etc.”. De acuerdo con Pinelli, “con U$S 8 mil se puede empezar”. Empezar significa ‘cocinar’ unos mil litros de cerveza por mes.

Pinelli y Dalimier venden sus productos en algunos bares de la Capital y otras localidades, tanto en barril como en botella. “La diferencia es que el barril tiene más costo operativo, porque hay que incluir las choperas, los envases y otras máquinas, mientras que la botella es más fácil”. De acuerdo con los socios, la rentabilidad del negocio es de “entre 30% y 40%”. Además de la cerveza de marca propia, producen para otras marcas.

Uno de los detalles que explican es que la cerveza se vende en el mercado local, “porque no está pasteurizada ni tiene aditivos, por lo que hay que trabajar con cadena de frío, si no se estropea”. Esto no es una limitación, sino una característica de la cerveza artesanal.

No todo es la producción

Ambos socios se transformaron en expertos en cervezas. Ambos hablan de cebadas, temperaturas y fermentaciones con verdadera seguridad de expertos. “Lo que sucede es que nosotros somos los únicos que trabajamos acá, vivimos en la fábrica” explica Dalimier. Y Pinelli sintetiza: “El día que contrate empleados me fundo”.

Pero además, también dictan cursos. Cada curso consiste de una jornada en la que se explica la teoría, se cocina una cerveza, y se aprenden los rudimentos básicos para empezar. “Inclusive mucha gente lo hace por hobby; con $1500 se puede comprar un equipo básico para tener 20 litros de cerveza cada 15 días”. El curso cuesta $90, y se dicta cada dos o tres semanas.

Otro negocio importante es el catering. “Nosotros llevamos todo, y la gente hace una degustación de cerveza. Después cenan, o lo que sea.” Además, una idea muy lucrativa es poner un negocio en donde vender la cerveza directamente, acompañado de gastronomía al tono. “Es una idea buena, pero por ahora no”, sonríen los socios.

Ambos aseguran que además del negocio, la cerveza es un arte. “Es como cocinar; si vos y yo hacemos un asado con la misma carne, nos sale distinto. Acá es lo mismo” sentencia Pinelli. Salud.

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