Crítica de "Verity": la adaptación más oscura y provocadora donde nada ni nadie es lo que parece

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Anne Hathaway y Dakota Johnson protagonizan la adaptación del libro de Colleen Hoover que ya está disponible en cines. Los detalles.

Existe un placer particular en entrar al cine a ciegas, con la guardia baja y sin las expectativas raras que suele imponer haber hojeado previamente las páginas de un éxito editorial. En Verity, la nueva y perturbadora adaptación de la obra de Colleen Hoover, esa falta de mapas previos no es un obstáculo: es, probablemente, la mejor manera de disfrutar la película.

Para quienes no leímos el libro, la película se despliega como una trampa perfecta. Un juego de espejos donde la curiosidad se paga caro y la tensión se construye a partir de lo que no se dice.

Aún así, es importante tener en cuenta que, si la historia logra atrapar desde el primer minuto, es en gran medida gracias al magnetismo absoluto de su elenco. La pantalla queda a un lado con la química y el misterio que se genera entre sus tres vértices.

Pero hablemos de Anne Hathaway, porque lo suyo trasciende el simple compromiso con un personaje. En una sola toma, Hathaway es capaz de lucir absolutamente destruida y, al mismo tiempo, impecablemente perfecta. Esa dualidad helada, entre la vulnerabilidad extrema y la amenaza latente, es una lección de actuación que tranquilamente merece la atención de la Academia en la temporada de premios, en especial con el año fuera de lo común que tuvo.

Por su parte, Dakota Johnson da un paso firme y necesario. Si bien mantiene esa sensualidad inherente que la volvió famosa, aquí explora con destreza los matices psicológicos del colapso y la obsesión. Logra despegarse notablemente de la sombra de Anastasia Steele, demostrando que este registro le sienta de maravillas. Solo le falta seguir tomando riesgos de este calibre —y, quizás, un cambio de look drástico— para terminar de consolidar una identidad propia en la pantalla grande.

Completando el triángulo, Josh Hartnett vuelve a demostrar por qué es un maestro del suspenso. Su mirada ambigua, suspendida entre la inocencia del hombre roto y la frialdad de un posible manipulador, es la pieza clave que te mete de lleno en la paranoia de la casa.

Más allá de las actuaciones, hay un trabajo de atmósfera que no se puede pasar por alto. La puesta en escena es claustrofóbica y elegante a la vez, transformando la residencia familiar en un personaje más que vigila en silencio. A esto se le suma una banda sonora escalofriante, diseñada para alterar el pulso en los momentos justos. La música no acompaña la intriga: la acorrala, obligando al espectador a mantenerse al borde del asiento.

Pero, como siempre digo, la experiencia cinematográfica puede tener sus pro y sus contras y en esta adaptación hay algo que se le puede reprochar a la propuesta: esa cierta comodidad en sus mecanismos. La fórmula de la tensión psicológica, la manipulación doméstica y las dinámicas de poder que ya vimos en relatos como La asistenta empieza a sentirse un tanto repetitiva en el cine actual.

A la industria no le vendría mal tomar un poco más de riesgos visuales y narrativos para alejarse de los moldes que ya sabemos que funcionan. Sin embargo, aún dentro de esos terrenos conocidos, Verity logra sostenerse con elegancia. Es un thriller oscuro, adictivo y profundamente entretenido que demuestra que, cuando el talento actoral y la atmósfera correcta se alinean, el morbo de una buena traición sigue siendo irresistible.

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