La fortaleza del Indio Solari: cómo es la casa de Parque Leloir donde eligió vivir hasta su último día
Alejado de la exposición mediática, encontró su refugio en una mansión caracterizada por su extrema privacidad y seguridad.
El Indio Solari falleció a los 77 años
El Indio Solari en su estudio de grabación
El Indio Solari en su estudio de grabación
Minutos después de las 9 de la mañana de este viernes nublado y húmedo, una inusual concentración de patrulleros llamó la atención de los vecinos en el barrio Parque Leloir. Efectivos policiales y representantes de la fiscalía de Ituzaingó se apersonaron en la vivienda ubicada sobre la calle Calixto Oyuela al 4300 y la zona fue rápidamente cercada. Poco después llegó la confirmación que sacudió al mundo de la música: el Indio Solari había fallecido a los 77 años.
Un refugio en Parque Leloir: la casa del Indio Solari
Detrás de esos vallados se encontraba la casa que durante años funcionó como un refugio personal para el Indio Solari, el lugar donde eligió vivir alejado de las cámaras y de la exposición mediática para proteger su intimidad.
La propiedad, ubicada en el corazón de Parque Leloir, fue mucho más que una residencia. Rodeada de árboles, amplios jardines y estrictas medidas de seguridad, se había transformado en la fortaleza donde el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota decidió vivir su vida cotidiana junto a su esposa Virginia y su hijo.
Uno de los espacios más importantes de la propiedad era Luzbola, el estudio de grabación personal situado en la planta baja donde el Indio componía canciones y ensayaba en un entorno de concentración absoluta.
Mientras que la planta baja estaba destinada a la actividad musical, en el piso superior se encontraban los sectores más privados de la familia para descansar.
Además del estudio, la propiedad contaba con una gran extensión de espacios verdes, una pileta y un quincho.
Una vida marcada por la búsqueda de privacidad
Desde hacía décadas que el Indio Solari mantenía un perfil bajo. Luego, tras la confirmación de su enfermedad, fue reduciendo cada vez más sus apariciones públicas.
La casa de Parque Leloir terminó convirtiéndose en una especie de fortaleza personal, equipada con sistemas de vigilancia y seguridad de última generación. A esto se le sumaba la presencia de varios perros ovejeros alemanes, a los que el Indio prefería por su capacidad de protección y compañía.
Los vecinos contaban que, cuando salía, intentaba pasar inadvertido tapándose la cara con gorras, anteojos oscuros, bufandas o prendas que le permitieran evitar ser reconocido. No era una actitud casual. El propio entorno del músico reconoció en varias oportunidades las dificultades que le generaba la fama que había alcanzado.
En una recordada entrevista concedida a la revista Rolling Stone en 2005, su esposa Virginia describió esa situación: “A éste ya no lo puedo sacar a ningún lado”.
Aunque en distintas entrevistas confesó que en ciudades como Nueva York podía experimentar una sensación de anonimato imposible de conseguir en Argentina, fue en Parque Leloir donde el Indio Solari construyó su verdadero refugio. Un lugar donde pudo vivir a su manera, lejos de los flashes y cerca de las personas que más quería.
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