Macaulay Culkin cumplió 42 años: su turbulenta historia familiar

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El actor Maculay Culkin tenía todo para convertirse en una gran estrella de Hollywood, pero se retiró cuando era adolescente.

Antes de ser una estrella Macaulay Culkin compartía habitación con sus seis hermanos. Después de ganar 45 millones de euros en cinco años, su padre le seguía obligando a dormir en el sofá de su propia mansión para que no se le subiese la fama a la cabeza. Con 14 años, Culkin, la mayor estrella infantil de la historia de Hollywood junto con Shirley Temple, se emancipó legalmente de sus padres, nombró a su contable como tutor jurídico y no ha vuelto a hablarse con su padre. Desde entonces, han corrido ríos de tinta sobre esta turbulenta relación familiar. Aunque durante los últimos años ha sido el propio Culkin quien se ha pronunciado –principalmente en una entrevista concedida en 2018 al podcast estadounidense WTF–, los relatos se remontan a mediados de los noventa y al tempestuoso divorcio de los padres del actor.

Kit Culkin era un actor de teatro frustrado: llegó a actuar con Laurence Olivier en Beckett. Su obsesión era salir del pequeño apartamento de dos habitaciones donde vivía con su familia: nueve miembros en total (los dos padres y los siete hijos). Kit ya había paseado a dos de sus hijos por todos los castings que pudo. No tuvo suerte. Hasta que lo hizo con Macaulay (Nueva York, 1980). El chico tenía un encanto a medio camino entre El Principito y Bart Simpson y una memoria prodigiosa para recordar diálogos, así que no le faltó trabajo desde su debut teatral con cuatro años.

Mi pobre angelito, una de las películas más taquilleras

Cuando tenía nueve, rodó Mi pobre angelito (1990), la tercera película más taquillera hasta aquel momento (tras E. T. y La guerra de las galaxias), y Kit dejó su puesto como monaguillo en una parroquia católica para dedicarse a ser su mánager. Tres años después, en 1993, la revista Premiere nombraría a Kit Culkin una de las 50 personas más poderosas de Hollywood.

Macaulay había cobrado 240.000 euros por interpretar a Kevin McCallister, protagonista de Mi pobre angelito, un personaje que causó sensación porque no respondía a los arquetipos infantiles del cine americano (gamberro, marginado o repelente). Kevin era un nene normal. La filmografía de Macaulay consistía en cumplir los sueños de cualquier chico de su edad: quedarse solo en casa sin supervisión paterna, enamorarse por primera vez (Mi primer beso, 1991, por la que se convirtió en el primer niño en cobrar un millón de dólares por película), vivir aventuras dentro de sus libros favoritos (El maestro de los libros, 1994) o tener un McDonald's en casa y a Claudia Schiffer como entrenadora personal en (Ricky Ricón, 1994). Y luego está El buen hijo (1993), un thriller psicológico. El traumático final de El buen hijo, al borde de un acantilado, resulta entrañable comparado con la extorsión que Kit Culkin perpetró sobre los productores de la película, 20th Century Fox, la misma que Mi pobre angelito.

El buen hijo ya tenía a un chico protagonista elegido: Jesse Bradford (Connecticut, EE UU, 1979). Sin embargo, tres semanas antes del inicio del rodaje, Kit Culkin decidió que el papel de nene psicópata le vendría bien a Macaulay para demostrar su versatilidad de registro dramático, así que exigió al estudio que lo contratase. El director de la película se negó porque cambiar de actor a última hora supondría retrasar el rodaje nueve meses, perder tres millones y dejar a un equipo de 60 personas sin trabajo a escasos días de Navidad. Kit respondió que si no le daban el papel Macaulay, no rodaría la secuela de Mi pobre angelito. Y que además tendrían que contratar a otra de sus hijas, Quinn, para interpretar a la hermana de Macaulay. El estudio cedió: prefería arrodillarse ante Kit Culkin que dejar la saga inconclusa.

Nueve meses y dos directores despedidos después, Macaulay rodó El buen hijo, que fracasó en taquilla. Mi pobre angelito 2, perdido en Nueva York (1992), por la que el actor cobró 4,5 millones de euros, sí triunfó y revalidó el tirón comercial del niño prodigio. Siempre y cuando, eso sí, estuviese huyendo de unos ladrones: la producción de Cascanueces (1993), en la que Macaulay lucía su formación como bailarín de ballet, volvió a enfrentar a Kit Culkin contra todo Hollywood. En un extenso reportaje de The New York Times, el productor Arnon Milchan denunció “el acoso, la extorsión y el chantaje” que el padre llevaba meses ejerciendo sobre Macaulay.

1994, el último año de su carrera actoral

En 1994, el último año de su carrera, Macaulay Culkin protagonizó alegorías involuntarias de su propia fama: en Me las vas a pagar papá (por la que cobró 7 millones de euros) escondía el botín de su padre, un ladrón de guante blanco, y le chantajeaba para que le llevase al acuario, al parque de atracciones y a un partido de béisbol; en Ricky Ricón (también en 1994) interpretaba a un nene multimillonario (todos los actores de la película eran muy altos para disimular que Macaulay ya tenía 13 años y se afeitaba todos los días) cuya riqueza no le hacía feliz porque le aislaba del mundo real.

En ninguna de estas películas quedaba nada de aquella ilusión, energía o carisma naturales de Kevin McCallister, su personaje en Mi pobre angelito. Durante las entrevistas, el actor se quitaba las zapatillas y jugaba a la Game Boy tirado en un sofá mientras respondía con desgana (“¿Qué haces cuando no estás rodando películas? Entrevistas”, “¿Te gusta la película? No he tenido tiempo de verla”) y solo se involucraba en la conversación cuando le preguntaban por sus perros. “¡Está acabado!”, sentenciaba un agente de actores infantiles, “No tiene talento, no funciona en taquilla. Fue adorable durante un rato. Winona Ryder, River Phoenix, Leonardo DiCaprio. Ellos sí que son actores”. Y entonces la vida de Macaulay se convirtió en un drama judicial.

Kit Culkin y Patricia Bentrup nunca se habían casado. Cuando se separaron en marzo de 1995, al litigio por la custodia de sus hijos (había otros hijos actores, ninguno a la altura de la popularidad de Macaulay) se sumaba la gestión de sus carreras cinematográficas. La pareja no tenía ingresos propios ni patrimonio: vivían del 15% que se llevaban por los sueldos de su prole. La fortuna de Macaulay Culkin se estimó en 45 millones de euros (el juicio desveló que, en 1995, ya solo quedaban 15) y tanto el padre como la madre se negaron a pelear por la custodia y la representación profesional como causas separadas.

Ambos lo querían todo. Ella citó el alcoholismo de Kit, sus agresiones físicas (puñetazos e incluso empujones al borde de un balcón) y sus infidelidades como motivo de la separación. Él lo negó todo y amenazó con sacar a uno de sus hijos, Kieran Culkin (que había debutado en Mi pobre angelito como Fuller, el primo de Kevin que se come su pizza de queso), de la producción de la película Amanda, a una semana de empezar a rodar, para hundir la carrera de todos los niños Culkin si no le concedían la custodia compartida y la gestión de sus carreras.

Así que Macaulay tiró el Monopoly por los aires. Consiguió que un juez prohibiese a sus padres acceder a su fortuna, comunicó que no volvería a participar en una película y empezó a fundirse sus ahorros en caprichos como un conjunto de chaqué, sombrero de copa y monóculo. Se compró un apartamento de 465 metros cuadrados en Greenwich Village (Nueva York), donde se refugió y dedicó días enteros a lo que más le gustaba hacer antes de ser una estrella: ver combates de lucha libre y montar en monopatín. A los 17 se casó con la actriz Rachel Miner, de la que se divorciaría dos años después. Y ante este panorama, su padre retiró al demanda y dejó de luchar por su custodia. No han vuelto a hablarse desde entonces.

Denuncias contra su padre

Mi padre era un hombre abusivo”, confesaría Macaulay Culkin en Time años después: “No tanto de forma física, aunque sí que hubo algo de eso, sino mental. Yo le pedía un descanso, quería irme de vacaciones por primera vez en mi vida, y él no dejaba de firmar contratos para más películas. Nadie me escuchaba. Mi padre tenía una cama tamaño gigante y una televisión enorme y a mí me hacía dormir con mi hermano en el sofá. Lo hacía para romper mi espíritu. Así que me retiré para desaparecer de la faz de la tierra. Pero seis años después comprendí que jamás podría deshacerme de mi fama”. En 2004 Macaulay fue arrestado en Oklahoma con 17 gramos de marihuana y dos tipos de tranquilizantes, lo cual hizo al público temer por el exchico favorito del planeta: todo apuntaba a que sería el penúltimo juguete roto de Hollywood incapaz de recomponerse como adulto.

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