Shows más grandes, recitales más lejos: la era de las residencias y el nuevo mapa de la música en vivo

Espectáculos

Artistas top como Harry Styles apuestan por instalarse en pocas ciudades durante semanas. Más producción, pero también más barreras para el público.

En las últimas semanas, las búsquedas se repiten en miles de pantallas argentinas: vuelos a Brasil, precios de hoteles, cotización de entradas, fechas disponibles. El motivo no es un feriado ni un evento deportivo, sino la posibilidad de ver a Harry Styles en vivo. Para muchísimos fans locales, la única opción real de asistir a uno de sus shows es cruzar la frontera y armar un pequeño operativo turístico-musical que incluye pasaje, alojamiento y un ticket que ya de por sí viene con polémica por sus valores.

Esa escena —personas haciendo cuentas, viendo si llegan, si pueden pedir días en el trabajo, si la tarjeta aguanta— se está volviendo parte habitual del ritual de ir a un recital. Y no es casual. Tiene que ver con un modelo de conciertos que gana terreno entre los artistas más grandes del mundo: las llamadas residencias.

La gira de Harry Styles es un ejemplo claro. En lugar de recorrer decenas de ciudades con una o dos fechas por lugar, elige pocos destinos y muchos shows en cada uno: 30 en el Madison Square Garden de Nueva York, 10 (por lo menos) en Wembley, y bloques similares en otras ciudades clave. No es la lógica de la caravana que pasa una noche y sigue viaje; es la de instalarse durante semanas en un mismo escenario. El público, si quiere estar ahí, tiene que moverse.

Algo parecido asoma en el horizonte con los Rolling Stones. El rumor que circula en la industria indica que un eventual regreso a los escenarios no vendría con una gira mundial clásica, sino con residencias en apenas tres o cuatro ciudades, y una de ellas podría ser Buenos Aires. De confirmarse, no solo sería una noticia enorme para los fans locales, sino también otra señal de que incluso las bandas más legendarias ya no piensan en términos de recorrer el mapa punto por punto.

Puerto Rico Bad Bunny
La residencia de Bad Bunny en Puerto Rico. Unas 30 noches, un coliseo cómodo para el público y sets de más de tres horas.

La residencia de Bad Bunny en Puerto Rico. Unas 30 noches, un coliseo cómodo para el público y sets de más de tres horas.

¿Qué es una residencia?

Cuando se habla de residencias se trata de semanas o meses de funciones en un mismo venue, con una producción fija. El beneficio artístico es evidente: al no tener que desarmar y armar todo cada pocos días, los shows pueden crecer en ambición. Escenografías estables, estructuras más pesadas, efectos que requieren tiempo de calibración. Incluso el sonido suele ganar en precisión: ya no es el espectáculo adaptándose a cada estadio, sino el estadio ajustándose función tras función al espectáculo.

Ese margen también se nota en los repertorios. Bad Bunny, por ejemplo, abrió su Debí Tirar Más Fotos tour con unos 30 conciertos en Puerto Rico que superaban las tres horas de duración. Cuando el tour se volvió global, redujo ligeramente la extensión de los sets: una decisión lógica al pasar de la estabilidad de una serie de shows en el mismo lugar al desgaste de una gira internacional. La residencia permite estirar la experiencia; la gira obliga a hacerla más transportable.

Coldplay River
La puesta de Coldplay en sus históricas 10 noches en River.

La puesta de Coldplay en sus históricas 10 noches en River.

Los contras para el público

Pero si desde lo técnico y lo artístico el modelo tiene ventajas, desde el punto de vista del público plantea preguntas incómodas. La primera es el precio de las entradas: la demanda concentrada en pocas ciudades empuja los valores hacia arriba, como ya se vio con Harry Styles. Sin embargo, el obstáculo más grande no está solo en el ticket, sino en todo lo que lo rodea.

Porque cuando el show no llega a tu ciudad —ni siquiera a tu país— la experiencia deja de ser simplemente “comprar una entrada”. Pasa a ser organizar un viaje. Pasaje en dólares, hotel, comida, días de trabajo, trámites. Para una enorme cantidad de personas, sobre todo en América Latina, esa cuenta no es apretada: es directamente imposible. El recital se transforma en un evento de destino, más cercano a un paquete turístico que a un acontecimiento cultural local.

Radiohead 360
Tras 7 años de silencio, Radiohead decidió regresar con una ambiciosa

Tras 7 años de silencio, Radiohead decidió regresar con una ambiciosa "jaula 360". En principio, eligió solo 5 ciudades de Europa, pero haciendo cuatro funciones en cada una.

Una tendencia que se veía venir

En realidad, esta lógica no nació de un día para el otro. Cuando Coldplay hizo 10 funciones en River, el fenómeno ya estaba ahí, aunque nadie lo llamara residencia. Lo mismo ocurre con la tendencia de varios artistas de estadios —como Coldplay o Taylor Swift— a no incluir ciudades que no garanticen al menos dos estadios llenos. Incluso Radiohead, en su regreso a los escenarios, concentró 20 shows en apenas cinco ciudades, probablemente para no mover de más una puesta compleja con estructura envolvente de 360 grados. La residencia no inventó esta manera de planificar: la volvió norma y le puso nombre.

El resultado es un cambio de época en la música en vivo. Los espectáculos son más grandes, más detallados y, en muchos casos, mejores desde lo técnico. Pero también están más concentrados, más caros y, para muchos fans, más lejos que nunca. Mientras algunos comparan precios de vuelos para no perderse a su artista favorito, la pregunta queda flotando: ¿qué tan global es realmente un show que solo puede ver quien tiene la posibilidad de viajar?

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