Descubrí Salta en 2026: el destino para conocer una de las joyas arqueológicas argentinas

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Entre sus múltiples rincones sorprende un sitio arqueológico único, escondido entre montañas y considerado un tesoro invaluable de la herencia incaica.

Viajar por Salta es descubrir un territorio donde cada paisaje cuenta una historia. La provincia es reconocida por ser una de las más importantes para el ecoturismo y por conservar huellas de antiguas civilizaciones que marcaron profundamente la región. Entre quebradas, alturas y caminos legendarios se encuentra uno de los puntos arqueológicos más llamativos para quienes desean conectar con el pasado y explorar rincones poco conocidos.

En pleno corazón de la Quebrada del Toro, uno de los accidentes geográficos más imponentes del noroeste argentino, aguarda un sitio que sorprende por su mística y por el nivel de conservación que logró mantener a lo largo de los siglos.

Se trata de un lugar cargado de simbolismo, rodeado de paisajes imponentes y considerado un punto clave para comprender cómo se organizaban las comunidades que habitaron esta región durante el período incaico. Para los amantes de la historia y las experiencias auténticas, este rincón salteño es un imperdible absoluto para la temporada 2026.

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Qué se puede hacer en el Sillón del Inca

El principal atractivo del lugar es justamente el Sillón del Inca, una estructura de piedra tallada con precisión sorprendente que se mantiene en pie desde hace cientos de años. Quienes visitan la zona suelen quedar impactados por el nivel de detalle y por imaginar cómo, desde ese mismo punto, las autoridades incas organizaban la vida de las antiguas poblaciones que habitaron el territorio entre 1450 y 1532.

A pesar de su excelente estado, no está permitido sentarse en la estructura para evitar daños. Se trata de un patrimonio arqueológico frágil, por lo que solo se puede observar y fotografiar a cierta distancia. De todos modos, la vista del Sillón en su propio entorno natural es una de las postales más buscadas por los turistas.

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Además de conocer este elemento histórico, el recorrido ofrece múltiples actividades:

Fotografía panorámica: las vistas de la Quebrada del Toro son espectaculares, especialmente durante la mañana y el atardecer.

Caminatas y senderismo: el camino incluye sectores irregulares, antiguos senderos y miradores naturales para explorar con calma.

Contacto con la historia: es un punto ideal para quienes desean aprender sobre la expansión del Imperio incaico en el actual territorio argentino.

Gracias a su altura, el silencio del entorno y el paisaje de montaña, el sitio se convierte en una experiencia que combina naturaleza, espiritualidad y pasado ancestral.

Dónde queda el Sillón del Inca

El Sillón del Inca —también conocido como Silla del Inca— se encuentra en la Quebrada del Toro, uno de los corredores geográficos más importantes de Salta. Está ubicado a unos 70 kilómetros de la capital provincial, muy cerca de la localidad de Ingeniero Maury, y a una altitud aproximada de 3.600 metros sobre el nivel del mar.

Este sitio no solo destaca por su relevancia arqueológica, sino también por estar inmerso en un paisaje que combina paredes rocosas, vegetación de altura y un entorno casi intacto. La zona fue, históricamente, un punto estratégico para el tránsito de poblaciones originarias y para la posterior expansión incaica hacia el sur del continente.

Visitar este rincón permite comprender el valor cultural de la región y la importancia que tuvo la Quebrada del Toro como ruta de comunicación, comercio y control territorial.

Cómo llegar al Sillón del Inca

Llegar al Sillón del Inca requiere cierta preparación, pero el esfuerzo se ve ampliamente recompensado. El acceso se realiza tomando la Ruta Nacional 51 desde la ciudad de Salta con dirección a Ingeniero Maury. Ese tramo puede hacerse en auto propio, excursión o transporte contratado.

Una vez en Maury, el camino continúa a pie por un sendero que asciende hasta los 3.600 metros. Se recomienda ir acompañado por un guía especializado, ya que el terreno puede ser exigente y la señalización no siempre es clara. Además, la altura suele demandar un ritmo de caminata más lento y mayor hidratación.

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