Un satélite de la NASA registró las olas más grandes medidas desde el espacio a mar abierto
La medición permitió además seguir cómo la energía generada por el fenómeno recorrió unos 24.000 kilómetros hasta alcanzar el Atlántico tropical.
Los océanos pueden generar fenómenos de dimensiones difíciles de observar directamente. Ahora, una misión satelital consiguió medir desde el espacio olas de casi 20 metros de altura en mar abierto, comparables con un edificio de aproximadamente seis pisos.
El registro se produjo el 21 de diciembre de 2024 durante una tormenta en el Pacífico Norte. El encargado de realizar la medición fue SWOT, un satélite desarrollado en una misión conjunta de la NASA y la agencia espacial francesa CNES.
Su tecnología permite estudiar la superficie del agua con gran precisión y obtener información no solamente sobre el nivel del mar, sino también sobre la altura y dirección de las olas y la forma en que su energía se desplaza a enormes distancias.
Durante su paso cerca del centro del sistema, SWOT consiguió medir una altura significativa de ola de 19,7 metros. Aunque las observaciones satelitales de las olas oceánicas existen desde hace décadas, el registro se destacó por superar los valores previamente medidos desde el espacio en mar abierto.
Esto no significa necesariamente que nunca hayan existido olas de mayor tamaño. El desafío está en conseguir que un instrumento pueda observarlas y medirlas en el lugar y momento exactos en que se producen.
Un satélite de la NASA registró las olas más grandes
El fenómeno estuvo relacionado con la tormenta tropical Eddie, que generó enormes olas mientras avanzaba por el Pacífico Norte. La medición de 19,7 metros fue obtenida cuando SWOT pasó cerca del corazón del sistema.
El satélite forma parte de una misión destinada a estudiar con mayor detalle los océanos y las aguas superficiales del planeta. Gracias a sus instrumentos, los investigadores pueden analizar características que anteriormente resultaban mucho más difíciles de observar a escala global.
El estudio de este evento fue dirigido por el oceanógrafo Fabrice Ardhuin, del Laboratorio de Oceanografía Física y Espacial de Francia, y sus resultados fueron publicados en septiembre de 2025 en la revista científica PNAS.
Uno de los aspectos más importantes de la observación es que aporta información sobre cómo se generan y evolucionan las grandes marejadas oceánicas.
Contar con mediciones más precisas también puede tener aplicaciones concretas. Las olas de gran tamaño representan riesgos para buques de carga, plataformas energéticas instaladas en el mar, cables submarinos y diferentes infraestructuras portuarias.
Comprender mejor estos fenómenos podría contribuir a ajustar las rutas de navegación durante tormentas y revisar criterios utilizados para diseñar estructuras capaces de soportar condiciones oceánicas extremas.
Mediciones inéditas desde el espacio a mar abierto
La altura alcanzada por las olas fue solamente una parte de lo observado. Los investigadores también consiguieron seguir el extraordinario recorrido realizado por la energía de la tormenta una vez que el sistema comenzó a perder intensidad.
Las olas generadas por Eddie se transformaron en marejadas que continuaron propagándose incluso cuando se encontraban muy lejos de la tormenta que las había originado.
Según los datos analizados, esa energía recorrió aproximadamente 24.000 kilómetros desde el Pacífico Norte hasta el Atlántico tropical.
En ese enorme trayecto avanzó por el océano y atravesó el Paso Drake, ubicado entre Sudamérica y la Antártida, antes de alcanzar sectores del Atlántico.
El registro muestra cómo una tormenta localizada en una región específica puede generar perturbaciones capaces de propagarse a través de enormes extensiones del planeta. Las olas pueden continuar transportando energía miles de kilómetros después de alejarse del sistema meteorológico que las produjo.
Las mediciones de SWOT permiten observar estos desplazamientos desde una perspectiva difícil de obtener únicamente con instrumentos instalados en el océano. De esta manera, los investigadores pueden reconstruir con mayor precisión cómo las marejadas se forman, evolucionan y distribuyen su energía a través de diferentes cuencas oceánicas.
El caso de la tormenta Eddie se convirtió así en un registro especialmente relevante: una ola significativa de 19,7 metros observada desde el espacio y una señal energética que consiguió desplazarse alrededor de 24.000 kilómetros a través de los océanos.
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