Una decisión desesperada

La historia de la joven violada que decidió investigar a su atacante, lo descubrió y lo encerró. Los otros horrores del abusador.

Escribe Mauro Szeta

Ella, con 19 años, se convirtió en la última víctima de un violador serial en la zona de Merlo. Ella, tomó la decisión desesperada de salir a buscar al delincuente. Ella, de buenas a primeras, se convirtió en detective de su propio drama.

Todo empezó a fines de febrero. La chica bajó de un colectivo de la línea 136. Caminó rumbo a su casa, pero no pudo llegar. En el camino, fue atacada por un delincuente sexual. El violador la amenazó con un cuchillo, la llevó a un descampado, y la abusó. La víctima, volvió a su casa como pudo, y le contó el drama a su marido.

Desde ese momento planificaron la cacería del atacante. Lo investigaron. Durante tres días, la mujer y su esposo, fueron una y otra vez a la parada del 136 para tratar de ubicar al delincuente.

Y el día llegó. Y lo ubicaron. Muy cerca de la parada de colectivos, la víctima vio a su violador. Lo tuvo cara a cara, y decidió llamar a la Policía. Así lo detuvieron.

Lo que vino después fue tremendo. Se descubrió que este mismo delincuente había violado a otra chica, con la misma metodología, el 30 de diciembre. Como si fuera poco, la mujer del acusado lo denunció por haber violado a una de sus hijas de 11 años, y por haberla dejado embarazada. Ese bebé nació. Hoy tiene cinco meses. El delincuente sexual de apellido Leguizamón quedó procesado.

Para que todo se resolviera, fue clave la valiente decisión de una de sus víctimas. Arriesgó mucho, está claro. Se la jugó, y el hombre que la violó, que le arruinó la vida, terminó preso.

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