Profesión de riesgo: los tatuadores pueden ir presos en Corea del Sur
Si bien a nivel mundial el arte en la piel resulta furor, en Corea del Sur es visto como algo ilegal.
"Cada vez más ciudadanos se tatúa y el 99 por ciento lo hace en estudios ilegales, por lo que han surgido problemas" como denuncias por malas prácticas producto de la desregulación, expuso en el Parlamento el diputado Kim Chon-jin cuando a finales del año pasado presentó una propuesta para legalizar estos procedimientos.
Sin embargo, la Asamblea Nacional no considera una prioridad la legalización de los tatuajes y por el momento mantiene congelado el debate.
El tatuador Kim Ki-bok se muestra optimista al calcular que "existen posibilidades de que se legalice en un plazo de 3 a 5 años", lo que le permitiría dejar de trabajar con miedo a que en cualquier momento la policía lleve a cabo una redada en su estudio.
Kim, miembro de la asociación "Tattooist", que funciona como un sindicato para este tipo de profesionales, basa sus expectativas de legalización en la cada vez mayor aceptación social del tatuaje en la conservadora sociedad surcoreana.
Curiosamente, la persona que más ha contribuido a la causa es un joven extranjero. Con solo 20 años el australiano Daniel Snoeks es toda una estrella de la televisión en Corea del Sur desde que participa en "Non-Summit", uno de los programas con más audiencia de los últimos años, en el que inmigrantes de varios países debaten sobre diversos temas en coreano.
Daniel, cuyas manos y gran parte de su cuerpo están tatuados con dibujos de varios estilos, asegura a Efe que quiere aprovechar su fama para "lograr la legalización de los tatuajes" en el país asiático.
"Desde que soy famoso ha cambiado mucho la percepción social de los tatuajes. De hecho, ha sido la primera vez que los coreanos ven a alguien en televisión con tatuajes en el cuello y en las manos", comenta el australiano, que se ha ganado en el programa la imagen de un joven respetuoso y ejemplar.
Daniel recuerda que cuando llegó a Seúl hace un año y medio la gente en el metro se apartaba de él y comentaba que sus tatuajes eran "asquerosos" o "daban miedo", pero tras el salto a la fama "ahora todo el mundo quiere hacerse una foto" con él cuando usa "el transporte público", comenta.
Y es que los tatuajes en Corea del Sur tradicionalmente "estaban vinculados a la imagen de gánster y chicos malos", explica el tatuador Kim, pero hoy "mucha más gente, y especialmente los jóvenes, los ven como algo atractivo y de moda", asegura.
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