El problema que China no logra resolver y golpea a millones de jóvenes: el desempleo

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El desempleo juvenil llegó al 18,9% en China, en medio de las dificultades que atraviesa su economía.

China enfrenta un problema que vuelve a poner el foco sobre uno de los sectores más sensibles de su economía: sus jóvenes. El desempleo entre las personas de 16 a 24 años llegó al 18,9% en agosto, el nivel más alto desde agosto de 2025 y un fuerte aumento frente al 17,9% registrado en julio. La medición corresponde a jóvenes de las zonas urbanas y excluye a quienes están estudiando, por lo que se refiere específicamente a quienes forman parte del mercado laboral.

El dato resulta todavía más significativo porque aparece en un momento en el que la economía china atraviesa varias dificultades simultáneas. El crecimiento se desaceleró, el consumo interno perdió fuerza y el mercado inmobiliario, uno de los grandes motores de la economía durante las últimas décadas, continúa atravesando una crisis. Para el gobierno de Xi Jinping, el desafío consiste en sostener la actividad mientras intenta darle mayor peso a un modelo basado en el consumo doméstico y no solamente en la inversión, la construcción y las exportaciones.

El mercado inmobiliario ocupa un lugar central en este escenario. La crisis del sector golpeó a desarrolladores, inversión, construcción y demanda de viviendas, al mismo tiempo que afectó el patrimonio de millones de familias. Las autoridades vienen implementando medidas para sostener el mercado, facilitar el acceso al crédito y estimular la demanda, pero la recuperación continúa siendo uno de los principales desafíos de la economía china.

El problema laboral de los jóvenes se suma así a una dificultad económica más amplia. Una persona que no consigue su primer empleo tiene menos posibilidades de independizarse, alquilar o comprar una vivienda, consumir y construir un patrimonio. En una economía que necesita fortalecer precisamente el consumo interno, la falta de oportunidades para quienes recién ingresan al mercado laboral representa un obstáculo adicional.

Las cifras muestran, además, que el problema está concentrado especialmente entre los trabajadores más jóvenes. En agosto, la tasa de desempleo para las personas de entre 25 y 29 años fue del 7,5%, mientras que entre quienes tenían entre 30 y 59 años se ubicó en el 3,9%. Al mismo tiempo, el crecimiento de los beneficios de las compañías industriales se desaceleró al 4,2% interanual, después del 11,2% registrado en julio, en un contexto de debilidad de la demanda doméstica y exceso de oferta en determinados sectores.

La paradoja de China

Y es justamente ahí donde aparece una de las contradicciones más llamativas de la economía china. El país puede exhibir algunas de las mayores capacidades industriales y tecnológicas del planeta y, al mismo tiempo, tener dificultades para conseguir que esa fortaleza se traduzca en empleo y consumo para una parte importante de su población. China construyó la red ferroviaria de alta velocidad más extensa del mundo, se convirtió en una potencia de la industria automotriz eléctrica y avanzó con enorme velocidad en baterías, robótica y manufactura avanzada.

Pero la capacidad de producir no necesariamente equivale a la capacidad de consumir. Los datos de agosto muestran precisamente esa diferencia: mientras la producción industrial aumentó 5,2% interanual, las ventas minoristas crecieron apenas 0,4%. Dentro de la industria, además, la manufactura de alta tecnología avanzó 16,7%. La fotografía es clara: mientras algunos sectores vinculados con la producción y la tecnología mantienen un fuerte dinamismo, el consumo de los hogares permanece mucho más débil.

La debilidad del consumo también aparece en algunos rubros concretos. En agosto, las ventas de automóviles cayeron 18,5% interanual y las de muebles retrocedieron 7,9%, mientras que los electrodomésticos bajaron 5,6%. Al mismo tiempo, algunos sectores tecnológicos mostraron fuertes avances. Esa diferencia ayuda a entender por qué Beijing busca cambiar el equilibrio de su modelo económico: no alcanza con producir más si esa capacidad no termina generando suficientes ingresos y demanda dentro del propio país.

Para los jóvenes, la situación puede tener consecuencias que excedan el mercado laboral. Una generación que tiene dificultades para conseguir su primer empleo dispone de menos ingresos y también de menos incentivos para asumir compromisos económicos de largo plazo. La falta de trabajo puede retrasar decisiones como independizarse, alquilar una vivienda, comprar una propiedad o formar una familia. En una economía que necesita que los hogares consuman más, el mercado laboral juvenil termina siendo una pieza central.

La paradoja de China: tecnología del 2100, problemas para la población del milenio pasado.

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China frente a otras potencias

El 18,9% adquiere otra dimensión cuando se lo compara con las principales economías desarrolladas. En Estados Unidos, el desempleo entre los jóvenes de 16 a 24 años fue del 9,1% en julio de 2026, menos de la mitad del registro chino. En Alemania se ubicó alrededor del 7,2%, mientras que Japón presentó un nivel todavía menor, de aproximadamente 3,4%. Las metodologías y los períodos de referencia no son exactamente iguales, por lo que las cifras no deben interpretarse como una comparación estadística perfecta, pero la diferencia de magnitud permite dimensionar el nivel alcanzado por China.

El contraste con Estados Unidos es particularmente marcado: el indicador chino es más del doble del estadounidense. La comparación resulta todavía más llamativa frente a Japón y Alemania, donde el desempleo juvenil se encuentra muy por debajo del nivel registrado actualmente en China. El dato estadounidense, además, bajó del 10,8% registrado un año antes al 9,1% de julio de 2026.

Eso no significa que el desempleo juvenil haya dejado de ser un problema en las economías desarrolladas. La falta de oportunidades para quienes ingresan por primera vez al mercado laboral continúa siendo una preocupación en numerosos países. Pero el caso chino presenta actualmente una diferencia de escala difícil de ignorar: casi uno de cada cinco jóvenes incluidos en su medición se encuentra sin trabajo.

China necesita ahora que su enorme capacidad industrial, tecnológica y exportadora pueda traducirse también en más empleo, ingresos y consumo interno. Porque ahí aparece la paradoja más incómoda de su modelo: un país capaz de construir trenes de alta velocidad, dominar industrias estratégicas y fabricar a una escala que pocos pueden igualar todavía tiene dificultades para garantizar que una parte importante de sus jóvenes encuentre trabajo y que sus propios ciudadanos quieran —o puedan— gastar más. La potencia para producir está; el desafío es conseguir que esa potencia se convierta también en bienestar dentro de sus hogares.

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