Kampusch publica en un libro las atrocidades que vivió durante su encierro

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La joven, que estuvo ocho años secuestrada en el sótano de un hombre, reveló que recibía golpes unas "200 veces por semana".

Después de sobrevivir al infierno, Natascha Kampusch, la joven austríaca que pasó ocho años cautiva en el sótano de un hombre hasta que logró escapar por sus propios medios, editó sus memorias en un libro que presentará hoy.


 


Kampusch, que hoy tiene 22 años, logró liberarse de Wolfgang Priklopil en 2006, tras casi una década de cautiverio. Había sido raptada cuando tenía sólo diez, y sus padres habían cesado de buscarla por falta de pistas, pero la chica pudo escaparse en un descuido de su captor, quien luego se suicidó arrojándose a las vías del tren.


 


Ahora, la joven publicó el libro "3096 Días", donde relata sus vivencias desde que fuera abducida por "un hombre en una camioneta blanca", según relató. Los primeros seis meses de su cautiverio, Natascha vivió en el sótano de Priklopil, en una celda sin ventana que medía cinco metros de largo y tenía una cama, un escritorio, inodoro y lavatorio.


 


En un intento por suprimir la identidad de la chica, el hombre repetía por medio de un intercomunicador: "Ya no sos Natascha, me pertenecés. ¡Obedecé!", algo a lo que la joven se negó en un principio, lo que le costó un maltrato psicológico y físico a través de los años, según publicó el sitio inglés Daily Mail.


 


"Si hubiera sabido que ese cuarto sería mi prisión por los próximos ocho años y medio, no sé cómo hubiera reaccionado. Ahora me doy cuenta de que saber que pasaría ahí la primera noche desencadenó una reacción que probablemente salvó mi vida: en vez de luchar contra mi agresor, acepté lo que pasaba", relató Kampusch en el cruento libro.


 


"Cuando cumplí 12 años y entré en la pubertad, el comportamiento de mi captor cambió dramáticamente. Me empezó a tratar como si estuviera sucia, y fuera desagradable. Me pegaba en las piernas, o me sometía a abusos sexuales menores", reveló la joven, quien recibía 200 golpes a la semana y estaba obligada a tener la cabeza rapada.


 


"En esa época empezó a llevarme 'arriba' para que limpiara la casa, pero el piso de la cocina nunca estaba lo suficientemente limpio. Sin aviso, me pegaba en las costillas o las canillas. Odiaba cuando lloraba, y me ponía la cabeza bajo el agua fría y apretaba mi cuello hasta que perdía el conocimiento", recordó Kampusch, quien era obligada a limpiar semi desnuda.


 


Además, la chica recordó la primera vez que durmió en la cama de su captor, esposada a él y bajo la orden de no hacer ruido, cuando tenía 14 años: "En esas noches, me di cuenta de que no se trataba de sexo. El hombre que me golpeaba y me tenía encerrada en un sótano sólo quería abrazarme".


 


La chica recordó que durante esos años, Priklopil le decía que siempre había deseado tener una esclava, y al año y medio de cautiverio eligió un nombre nuevo, "Bibiane". Para cuando tenía 16, la joven pasó a tener una dieta muy reducida y la obligaba a limpiar con una gorra de plástico en la cabeza, lo que le provocaba picazón.


 


"Esto no pasaría si fueras calva", protestó él. A los pocos días, ella cortó su pelo con un par de tijeras y él terminó de raparla con una afeitadora. "Debía gustarle mi apariencia porque de ahí en más me hizo limpiar vestida sólo con una gorra y zapatillas. De hecho, nunca estaba del todo vestida porque él estaba convencido de que me iría corriendo por la calle. Tenía razón", relató.

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