Nahuel Gallo y un calvario de 448 días por intentar visitar a su familia: el drama del gendarme en Venezuela
El gendarme argentino Nahuel Gallo estuvo detenido en la temible prisión de El Rodeo I, donde sufrió incomunicación y torturas psicológicas.
Nahuel Gallo, el gendarme detenido en Venezuela, y su esposa María Gómez.
La historia del gendarme argentino Nahuel Gallo dejó al descubierto el horror en las prisiones en Venezuela. Detenido de manera arbitraria el 8 de diciembre de 2024 cuando intentaba visitar a su pareja e hijo cruzando la frontera desde Colombia, el cabo primero de Gendarmería Nacional vivió un verdadero calvario de 448 días bajo acusaciones de terrorismo.
El infierno de la prisión El Rodeo I
Gallo estuvo recluido en la cárcel El Rodeo I, ubicada en las afueras de Caracas. Este centro de detención, señalado por el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) como un lugar creado "para detener, torturar y silenciar", somete a los internos a condiciones inhumanas.
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Durante su estadía, el efectivo argentino y los demás presos enfrentaron una violación sistemática de los derechos humanos. Las familias y organizaciones denunciaron graves irregularidades dentro de los muros:
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Incomunicación extrema: Gallo pasó más de 14 meses (445 días) sin poder hablar con su familia, bajo un régimen de visitas de apenas 15 minutos semanales a través de un vidrio.
Falta de atención médica: Las autoridades penitenciarias niegan el acceso a la salud. Hubo casos críticos, como el de un preso político que fue golpeado en una herida abierta por un custodio, provocándole un sangrado activo sin recibir asistencia profesional.
Tortura psicológica: Cuando los reclusos pedían ayuda médica a los gritos durante la noche, los guardias respondían poniendo "música a todo volumen para impedir que los gritos de auxilio traspasaran los muros".
Los gritos en la oscuridad: el único contacto con el exterior
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Ante el aislamiento total, los familiares de los presos adoptaron una desesperada metodología de comunicación. Casi todas las noches, madres, esposas e hijas se acercaban a una colina cercana al penal, protegida por la maleza, para intentar entablar un diálogo a ciegas.
A través de gritos en la oscuridad, las familias lograban informarles a los reclusos sobre el avance político en el país y escuchar sus demandas de justicia y liberación masiva.
En medio de este escenario, Nahuel Gallo debió suspender una reciente huelga de hambre –iniciada para exigir su liberación tras ser excluido de una Ley de Amnistía– como única condición impuesta por los custodios para permitirle realizar una llamada telefónica a su mujer tras 445 días de silencio. Un reflejo contundente de las atrocidades del sistema penitenciario bajo el régimen chavista.
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