Tiene 32 años, trabajaba como maestranza de un hospital y volvió como médica tras graduarse en Yale

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Shay Taylor-Allen regresó al hospital donde limpiaba pisos, pero esta vez con el título de médica. Su inspiradora historia de superación y sus próximos objetivos.

La historia de Shay Taylor-Allen es el ejemplo perfecto de perseverancia. A sus 32 años de edad, acaba de vivir un momento que ella misma describió como "surrealista": luego de haberse graduado en Medicina, ingresó a trabajar como residente de anestesiología en el Yale New Haven Hospital, el mismo centro donde trabajaba como maestranza.

Los inicios y el largo camino hacia el título de médica

La relación de Taylor-Allen con el hospital de Yale comenzó de una manera muy distinta. En el año 2011, cuando apenas tenía 18 años, ingresó a trabajar en el centro médico como personal de limpieza con un salario de apenas 14 dólares por hora. En aquel entonces, no tenía del todo claro qué quería estudiar en la universidad, pero veía en el área de la salud un empleo que le ofrecía estabilidad económica y buenos beneficios a largo plazo.

El principal punto de inflexión en su vida ocurrió mientras trabajaba allí y su madre era paciente del establecimiento. Su madre sufría quemaduras de tercer grado en los pulmones a causa de un grave incendio doméstico ocurrido en 2010 y requirió años de tratamientos. Según relató, notó que los médicos solían tratar los síntomas de su madre con cierto escepticismo, lo que la motivó a investigar sobre las disparidades en la atención médica.

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Este hecho la impulsó a cambiar radicalmente su rumbo académico:

  • Modificó su carrera original de estudios generales y se inscribió en biología.

  • En el año 2018, se anotó en un programa de posgrado en ciencias biomédicas en la Universidad de Quinnipiac para fortalecer sus antecedentes.

  • Para el año 2021, finalmente logró ingresar a la prestigiosa escuela de medicina de la Universidad Howard.

Las enormes deudas y su futura carrera como anestesióloga

El enorme esfuerzo para convertirse en una profesional de la salud conllevó un sacrificio financiero gigantesco. Al finalizar sus largos estudios de grado, maestría y medicina, Taylor-Allen acumuló una inmensa deuda estudiantil que supera los 590.000 dólares. Durante sus primeros años en la escuela de medicina, sobrevivió económicamente gracias a sus préstamos federales y, más tarde, se apoyó fuertemente en su esposo Rob, un veterano militar retirado que aportó estabilidad financiera a la pareja.

Ahora, como residente de anestesiología en Yale, cuenta con un salario inicial que ronda los 88.000 dólares. Su plan a largo plazo consiste en terminar la residencia médica y proyectar un importante salto económico, ya que espera ganar entre 350.000 y 700.000 dólares al año cuando finalice su especialización.

Mientras tanto, se prepara con enorme entusiasmo para los intensos años que tiene por delante, con el claro objetivo de brindar una atención cercana y empática: "Cuando hablo con mis pacientes, entiendo que son como yo. Vienen de los mismos barrios que yo", concluyó.

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