Tiene 41 años y gana 300 dólares por día disfrazado en las calles de Estados Unidos: la historia de Robotín

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Se llama Alan Castillo y tiene una familia a la que mantiene con su arte callejero en Los Ángeles, aunque su hija lucha por hacerlo volver al hogar.

Es plateado, es dinámico y es enigmático: se trata de Robotín, el personaje creado por Alan Castillo, un peruano de 41 años que recorrió los Estados Unidos de este a oeste para presentarse en las calles. Aunque hay días en que gana casi US$300, otros queda con la sensación de la lata vacía.

La última noticia que tuvo el público en Perú sobre su Robotín for export salió a la luz esta semana en el programa "Magaly TV: La Firme", donde Castillo contó que se encuentra en el muelle de Santa Mónica, condado de Los Ángeles, trabajando en las calles según le sale en suerte.

"En Santa Mónica hay sorteo, sortean los espacios diarios. Me puede tocar un buen espacio, me puede tocar un mal espacio, como también ya me ha pasado que no me ha podido tocar nada", le contó Castillo a la conductora Magaly Medina.

Antes de eso Castillo había estado en Nueva York, al otro lado de los Estados Unidos, pero ya en Los Ángeles ocurre es que el distrito tiene 20 puntos designados para artistas callejeros y en los sorteos participan alrededor de 30 intérpretes.

"Un buen día, por ejemplo, yo me acuerdo que me hice casi 300 dólares. Pero un mal día me hice 30", convino el hombre, cuya historia volvió a hacerse viral.

Robotín, o más bien, Castillo, logró radicarse hace unos meses en los Estados Unidos con una visa de trabajo que dura tres años. Tal es el período de tiempo que tiene para asegurarse una ganancia y por eso sólo piensa en "aprovechar la legalidad" para presentarle su arte al mundo y mandar dinero a sus hijas en Perú.

Aún así, la menor de las hijas de Castillo lo llama a menudo para pedirle que vuelva a casa.

La historia de Castillo salió a la luz en los medios de Perú por el susto médico que vivió en 2024, cuando su diabetes lo obligó a redoblar el cuidado de su salud y a mejorar su hábitos.

"Tengo diabetes desde el 2017.. Me excedí en estos años y ahora estoy pagando los platos rotos... Cuando aumentan mis preocupaciones y se sube la glucosa, hace que uno decaiga anímicamente y el cuerpo lo percibe", contaba en ese entonces al sitio La República, de Perú.

"Es un poco complicado porque el hígado y el riñón se deterioran, ya que algunos alimentos no llegan a pasar y empiezan los reflujos", señaló, consciente de que el mayor peligro de su enfermedad es que "ataque a algún órgano, como la vista o que pierda la pierna".

Esta semana el humorista e intérprete aseguró que el pedido de su hija, vinculado a su salud, le llega al alma.

"Eso me quiebra, pues, me quiebra, me dan ganas de regresar, de verdad. Todavía no puedo", convino, a sabiendas de que si se quedara en Perú "quizás viviría el día a día y quizás no tendría para enviarles".

Si los eventos privados y las colectas públicas no surten el efecto deseado, Castillo sabe que puede ponerse otros uniformes, aunque sean menos plateados y más latosos.

"Yo hago el trabajo de jardinería. Varios peruanos me han contratado; aprovecho y me dan mi día. Todo lo que salga es bienvenido", señaló.

"Un saludo para mis hijas hermosas que me están mirando. Papito está esforzándose por aquí", expresó el hombre ante las cámaras de televisión de su país.

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