Primero se fue el jefe policial, quien anunció que haría "un mandado" y si podía regresaba", pero jamás volvió. Luego, se fueron otros seis agentes.
Un solo policía se quedó al cuidado de la localidad mexicana de Santa María del Oro, con menos de 600 habitantes, después de que el jefe policial y seis agentes más huyeron del poblado que vive un clima de violencia por el que hasta la Iglesia católica canceló las fiestas patronales.
Este policía, que solicitó el anonimato por seguridad, dijo a la agencia Efe que el lunes pasado sus compañeros "tomaron sus maletas y se fueron sin decir nada", y ninguno de se presentó a trabajar hasta ahora, aunque no pudo confirmar si renunciaron de manera formal.
Los uniformados reaccionaron así después de que el pasado viernes grupos del crimen organizado se enfrentaron en una localidad del municipio Santa María del Oro. Un día después de ese tiroteo fue localizado un hombre con 20 impactos de bala.
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Santa María del Oro pertenece al estado de Jalisco y se ubica en los límites con el estado de Michoacán, donde operan varios carteles de las drogas, entre ellos la violenta Familia Michoacana, traficante de marihuana, cocaína y de drogas sintéticas, estas últimas las fabrica en laboratorios clandestinos de la región.
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El jefe policial le dijo a su subalterno que "iba a un mandado y que si podía regresaba", según contó el único agente que ahora resguarda la seguridad de Santa María del Oro. Además, según el uniformado, el jefe policial le pidió que se quedara al pendiente "por si sonaba el teléfono".
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Dijo desconocer si sus compañeros recibieron alguna amenaza de muerte como para que tomaran la decisión de abandonar sus puestos, aunque aseguró que dentro de la comandancia se vivía un clima de tensión por la falta de apoyo de las autoridades federales.
El policía asegura que desde hace unos meses el director de Seguridad Pública pidió el apoyo de fuerzas federales ante los distintos enfrentamientos y asesinatos ocurridos en localidades cercanas.
"Lo del viernes ya se veía venir, pero nadie nos hizo caso ni el Ejército ni la Policía estatal. Yo creo que por eso mis compañeros se fueron y ahora quedo yo solo para todo el municipio", dijo resignado.
La falta de elementos que resguarden la seguridad del poblado así como los rumores de la presencia de bandas armadas provocó que las autoridades eclesiásticas suspendieran las fiestas patronales que se llevarían a cabo hasta el 12 de enero.
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