"Chelo" Torres se casó con la hermana de la chica a la que abusó

12 de mayo de 2010

Aunque sigue cumpliendo su doble condena, el cantante decidió formalizar su relación.

Marcelo "Chelo" Torres, el cantante de la banda Green, se casó en la cárcel con Marcela Cáceres, la hermana de la menor a la que abusó sexualmente y embarazó, según un fallo judicial.


 


Ambos se conocieron en la casa de la madre de Marcela, una fanática del músico que le dio cobijo en su casa y que luego lo denunció por haber abusado sexualmente de su hija menor, Gabriela. “Mi mujer sabe que digo la verdad, si no, no tendría sentido que todavía esté conmigo”, justificó el músico, quien también mantuvo una relación amorosa con la mayor de las tres hermanas.

“Estuvo muy lindo, bárbaro. Fue una fiesta entre amigos, con la familia. Ella vino a la mañana y se fue a las cinco de la tarde. Por Iglesia nos vamos a casar afuera, cuando salga. La decisión de casarnos la teníamos hace rato, pero ella era menor y sus padres no lo avalaban. Más allá de los obstáculos en el camino, seguimos juntos. Dios es grande porque nos pone más fuerte en el amor a nosotros”, confesó el músico a 24Con.

La conflictiva relación comenzó cuando la madre de ella decidió cobijar al músico en su casa aunque, al darse cuenta de lo que sucedía, decidió echarlo. “El 24 de octubre de 2006 mi suegra se levanta para cerrar la ventana del dormitorio porque estaba lloviendo. Ella se encuentra que su hija  (Gabriela) no estaba en su cama, sino en la mía. Y ahí comienza todo el despioje. No se bancó esa toma. Entonces decidió que yo me vaya”, relató Torres.

Después de la decisión de la mujer, la pareja siguió en contacto. “Volví a Lanús pero seguí en contacto permanente con ella. Un buen día me dijo que se quería ir de la casa, que si no se venía conmigo se iba a cualquier parte. Es una mujer decisiva, cuando se le pone algo en la cabeza, contra viento y marea allá va. Por eso opté por tenerla. Mi mecanismo fue protegerla, no dejarla en la calle”, agregó Torres.

Tras la desaparición de la menor, la familia comenzó a monitorear sus movimientos e inclusive pinchó su teléfono para poder dar con su paradero. “La madre siempre sospechó que estaba conmigo y venían rastreando las llamadas, pero ella tenía un chip trucho en el celular y se hacía llamar con un nombre falso”, recordó.

A mediados de 2007, Gabriela llamó a su madre desde la casa de un amigo del músico y, luego de que la Policía rastreara el domicilio, las autoridades dieron con su paradero. “Yo le había dicho que no llamara desde un particular porque iba a saltar la ficha. A partir de ahí, vivimos un infierno”, confesó.

Como Gabriela todavía era menor de edad, las autoridades la derivaron a un CPO de Morón. Allí, le hicieron un seguimiento de conducta y controlaron el embarazo de tres meses. Como la chica se negó a regresar con su familia, la Justicia le concedió la tutela a una amiga de Torres, aunque tiempo después la volvieron a derivar y su destino fue un hogar de Rafael Castillo.

“Su familia la dejó tirada ahí más de dos años, hasta diciembre de 2009. Ni siquiera me dejaron ponerle el apellido a mi hijo”, denunció Torres, padre de siete chicos, todos con distintas mujeres. Después de cuatro restricciones judiciales, recién pudo volver a ver a Eric, su hijo, en enero del año pasado, un tiempo antes de volver a la cárcel.


 


El músico cumple una doble condena. En principio por haberle disparado en la mejilla a su amigo Eduardo Cáceres Benítez. “Era una 9 milímetros nuevita, cromada, que había comprado mi hermano. La habíamos bajado del modular y la agarraba uno y después otro. Lo primero que hicimos fue sacar el cargador, pero nunca la desmontamos. Es gracioso, pero en ese momento fue muy triste, la pasé mal”, recordó.

Un tiempo después, una segunda causa se abriría en su contra luego de que la madre de su actual mujer denunciara a Torres por un presunto abuso sexual a sufija menor.


 


“La declaración de la nena fue, textual, que con el ‘coso’ que hago pis se lo metía por adelante y por atrás, o sea por la vagina y el ano. Cuando le hacen el peritaje saltó que no tenía ni un síntoma de violación, ni un rasguño ni nada. A mí me dijo un fiscal que esto no tenía fundamento, pero que me iban a meter por abuso. La denuncia fue casi un año después de que me haya ido de esa casa. En todo ese tiempo pudo haber pasado cualquier cosa”, explicó Torres y agregó: “Estuvieron averiguando y encontraron mi causa de lesiones culposas. Estoy convencido que esto está armado, porque encima me dan la mínima”.