Ghosting: la nueva costumbre de irse de las reuniones sin saludar

Por: Gimena Luz Figueroa
10 de febrero de 2018

Muchos evitan despedirse de cada invitado al momento de retirarse de algún encuentro y para ello simplemente desaparecen. ¿Por qué lo hacen?

Llegar a una fiesta, tomar algo y conocer gente nueva es un plan perfecto para muchos. Sin embargo, las sonrisas y la simpatía parecen disiparse al momento de decir "adiós".

Es que aparentemente ya no es un acto de mala educación irse de alguna reunión sin saludar. El ghosting, o acto de desaparecer y no volver más, pasó de ser una cuestionable práctica entre las parejas a aceptarse en los encuentros sociales.

"Cuando me voy de una fiesta no quiero saludar a todos los invitados".

"Cuando me voy de una fiesta no quiero saludar a todos los invitados, por eso opto por irme rápido sin que nadie me vea y después whatsappeo a mis mejores amigas avisándoles que llegué bien a casa", ejemplifica a minutouno.com Tatiana, de 32 años.

Para intentar explicar este comportamiento, la socióloga Aldana Fernández lo define como un "fantasmeo" que denota una huida, un intento de sacar el cuerpo de la acción.

"Poner el cuerpo implica un riesgo".

"El acto de poner el cuerpo, ya sea para decir adiós en una fiesta o para dar cuentas de por qué una situación se termina, implica un riesgo porque los actos no aseguran ni brindan garantías de éxito. Todo acto se trata de una apuesta", analiza Fernández en diálogo con minutouno.com.

Esto explicaría, en parte, el furor por las redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea.

"Las apps nos dan más certezas de garantía de éxito".

"En muchas ocasiones solemos servirnos de los medios que brinda el ciberespacio para este escamoteo. El éxito que tienen las aplicaciones, por ejemplo, radica en que nos dan más certezas de éxito gracias a los algoritmos", sostiene la socióloga.

"En Tinder, esa idea de que fulano está cerca, mengano te corazonea o que a zutano le gusta lo mismo que a vos, brindan una coordenadas que crean la fantasía de que nada puede fallar, aunque por suerte todavía se falla", concluye Fernández.

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