Ciudad de Buenos Aires: obras postergadas e inflación imaginaria

Por: Juan Carlos Junio
21 de febrero de 2018

Si el resultado de una gestión se mide por la administración eficiente y transparente de los recursos públicos para el desarrollo económico y social es necesario pensar en la obra pública. En tal sentido, el macrismo hace una apuesta comunicacional fuerte. Como sabemos gobierna la trilogía: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires y Nación. Cierto es que las grandes obras de infraestructura son vitales, pero si planteamos el tema del desarrollo, hay que pensar en otros elementos necesarios: inversión en educación, salud, trabajo con inclusión, un gran despliegue cultural; en fin, un sin número de atributos que hacen al progreso de la mayor parte de la ciudadanía. Pero la trilogía que actúa como Unicato ha elegido como estrategia de marketing mostrar obras de vialidad. Algunas de ellas de mera reorganización del tránsito, como cambiar el sentido de las calles, la creación de bicisendas, los carriles exclusivos, incluso el Metrobus, que en realidad no es "metro" porque no es subte, y no es "bus" porque para los porteños es nuestro icónico colectivo de toda la vida, más allá que en algún caso haya mejorado la circulación del tránsito. Pero está claro que ninguna de estas obras son cambios estructurales que perdurarán en el tiempo.

Otras obras requieren una intervención ingenieril, que pueden ser valorables, como los túneles y viaductos, que resuelven el tema de las barreras ferroviarias; aunque en el plano de lo estético basándose en una concepción supuestamente moderna de la belleza, resulten grotescos y desconcertantes. Un ejemplo de ello son los gigantescos "cucuruchos" que colocaron frente a la histórica fachada del cementerio de la Chacarita. En esta línea, habría que mencionar a la novedosa pileta de natación imaginaria que se colocó para los niños en el Parque de La Ciudad.

En definitiva, no habría que confundir maquillaje con obras, y belleza con grotescos. Pero, además, se presenta otro gran problema: hay obras importantes que están paralizadas. El tan anunciado megacentro de transbordo bajo el Obelisco que requirió la mayor parte de las transferencias presupuestarias para nuestro distrito no se está haciendo. ¿Qué esperar de un reclamo histórico como la limpieza del Riachuelo? La ex cárcel de Caseros o el Elefante Blanco son otros casos patéticos de inacción, que luego de más de 10 años de gestión siguen en la triste espera.

Pero, además, la Ciudad se va haciendo cada vez más cara. Según la Cámara Inmobiliaria Argentina, el año pasado los departamentos en Capital aumentaron 10% en dólares, y los más chicos incluso hasta 13%. Ahora contamos con otro récord: Buenos Aires es la ciudad más cara del mundo para llegar a un aeropuerto. Al eliminar el servicio de colectivos Arbus dependemos sí o sí de taxis, remises o el monopolio de Tienda León, mientras que en las principales urbes del mundo se accede cómodamente en subte o tren. Y, ya que estamos, tenemos que registrar que en marzo la bajada de bandera de los taxis aumentará 18%, independientemente de la distancia que recorramos.

El mismo día que finalmente se anunció el magro aumento de 5,71% de los haberes de los jubilados, los niños que cobran la Asignación Universal por Hijo y los ex combatientes de Malvinas, el INDEC publicó el índice de la inflación de enero: 1,8% para el mes y 25% anual. Pero el rubro Vivienda, agua, luz y gas aumentó 55% anual. La canasta escolar es 24% más cara y se viene el aumento del gas, que será de entre el 33% y el 44,5 %. La ciudadanía va chocando con la inequidad día tras día.

En suma, la inflación, o sea los precios de lo que consumimos, está descontrolada, en gran parte por los aumentos autoinflingidos con los tarifazos de los servicios públicos.

En ese marco, el ministro Jorge Triaca intenta que en las paritarias los gremios cierren por debajo de una inflación, ya de por sí increíble, y sin cláusula gatillo. O sea: pérdida pura para los trabajadores. Si con el kirchnerismo se cuestionaba la medición del INDEC pero luego se daban aumentos salariales por encima de la inflación, en la actualidad directamente se ignora lo que publica el INDEC, y se plantea una paritaria basada en una falsa inflación. Como aquel enfermo imaginario de Molière, cuyas dolencias no eran reales. Claro que esta "falsa" inflación, más real y cruel, es menos literaria, ya que se propone bajar los salarios por debajo de una inflación "imaginaria".

* Secretario General Partido Solidario y Director del Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini"