A 34 años de la muerte de José Ignacio Rucci: de la CIA a Montoneros
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Mataron a Rucci. La noticia iba corriendo de boca en boca entre los hombres y mujeres del poder de la Argentina del 25 de septiembre de 1973. Dicen que Juan Domingo Perón lloró por primera vez en público cuándo se enteró y muchos, a izquierda y derecha, pensaron que lo había matado la CIA. Años después, el hecho fue reconocido por Montoneros y analizado como un gravísimo error político.
Pero el crimen fue el gran error de Montoneros. Una realidad que iba a quedar demostrada el primero de mayo de 1974, cuando fue el propio Perón el que se refirió al asesinato y despreció a la organización política que lo había concretado, aunque aún no había reconocido de manera oficial el hecho:
“Compañeros: Hace hoy veintiún años que en este mismo balcón y con un día luminoso como el de hoy, hablé por última vez a los trabajadores argentinos. Fue entonces cuando les recomendé que ajustasen sus organizaciones, porque venían días difíciles. No me equivoqué ni en la apreciación de los días que venían ni en la calidad de la organización sindical, que se mantuvo a través de veinte años, pese a estos estúpidos que gritan”.
“Decía que a través de estos veinte años, las organizaciones sindicales se han mantenido inconmovibles, y hoy resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años”.
“Por eso, compañeros, quiero que esta primera reunión del Día del Trabajador sea para rendir homenaje a esas organizaciones y a esos dirigentes sabios y prudentes que han mantenido su fuerza orgánica, y han visto caer a sus dirigentes asesinados, sin que todavía haya tronado el escarmiento”.
En 1997, Cirilo Perdía, líder de Montoneros, se refirió al crimen y a sus consecuencias. Aseguró que las balas que segaron la vida de Rucci “pudieron haber partido desde diferentes trincheras. Pero la mayor parte de las miradas apuntaron hacia nosotros. Más allá de quien haya sido el ejecutor material de este hecho, nosotros pagamos su costo político (...) Desde todo punto de vista la muerte de Rucci favoreció el avance de las políticas opuestas a nosotros (...) La actividad paramilitar del Estado contra nosotros encontró una excusa para fortalecer su accionar”.
La saga había sido abierta con la masacre de Ezeiza y tuvo su continuidad con los asesinatos selectivos de la Triple A y el golpe del 24 de marzo de 1976.
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