Javier Milei y su obsesión patológica con el Banco Central
Prometió “dinamitarlo” pero no lo hizo; sin embargo, los recientes anuncios del Presidente sobre el BCRA dan cuenta que su aversión a la entidad no cesa. Y parece haber un porqué.
Javier Milei y su obsesión con el Banco Central.
Corría el 22 de octubre de 2018, día de su “cumpleañitos”, cuando el entonces columnista y panelista Javier Milei expresaba gráfica e histriónicamente su desprecio visceral por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
Las imágenes transmitidas en vivo y en directo por el canal de televisión de la Ciudad fueron reiteradas posteriormente en spots de campaña, se viralizaron y, paradójicamente, empujaron su candidatura presidencial hasta la obtención del triunfo en la segunda vuelta de las elecciones de 2023.
La patética escena ilustraba una de las muchas obsesiones del actual Presidente: cerrar el Banco Central, destruirlo, “dinamitarlo” y así eliminar su existencia en una hipotética Argentina anarcocapitalista que incluso ya no tendría pesos sino dólares estadounidenses... Un “paraíso” que ilusionó a millones de jóvenes —principalmente— que hoy siguen obteniendo sus escasos ingresos —cuando los tienen— en moneda nacional.
Pretendía sumar a la Argentina al puñado naciones sin Banco Central: Panamá, Andorra, Mónaco y pequeños países insulares como Palaos, Micronesia, Kiribati, Nauru (considerada la república más pequeña del planeta), Tuvalu (cuya población no llega a 10 mil habitantes), Isla de Man (dependencia autónoma del Reino Unido) y las Islas Marshall (que obtuvo su independencia de los Estados Unidos recién en 1990).
Finalmente, en casi tres años como jefe de Estado y a pesar de las reiteradas promesas, no pudo o no quiso hacerlo: la entidad rectora de las políticas monetarias de nuestro país sigue en pie y además el mandatario promete seguir “fortaleciendo” el peso frente a un dólar contenido artificialmente a costa de una economía real que, sumando el brutal ajuste, se cae a pedazos.
Pero con los anuncios realizados por cadena nacional relativos a un proyecto de ley para reformar su carta orgánica, Milei demuestra que su patológica obsesión con el Central sigue desvelándolo. Y no es para menos, teniendo en cuenta su breve pero aparentemente traumática experiencia laboral en el imponente edificio de Reconquista 266, cerquita de la Plaza de Mayo.
La breve experiencia laboral de Javier Milei en el BCRA
Durante su cuarto año de estudios en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Belgrano, donde cursaba la licenciatura en Economía, Javier Milei se desempeñó como pasante en el Banco Central de la República Argentina. Fue, de hecho, su primer trabajo vinculado al metier que lo llevaría a Casa Rosada.
Fueron seis meses intensos para el aplicado estudiante, entre el 22 de diciembre de 1992 y el 22 de junio de 1993, que sin embargo no rindieron los frutos esperados: la pasantía no le fue renovada luego de los informes desfavorables de sus superiores, como él mismo llegó a reconocer posteriormente; dijo también que no le gustaban las tareas que le encomendaban y tampoco se llevaba bien con sus compañeros de trabajo debido a sus veleidades intelectuales.
Vale recordar que luego, cuando la necesidad lo obligó a fungir como docente universitario, lo echarían de la UADE por el maltrato a los que sometía al alumnado. Una actitud que, sumando insultos de toda ralea, sigue sosteniendo ante cualquier interlocutor que se atreva a dudar de sus afirmaciones o a contradecirlo.
Tratándose de Milei, quien se considera un genio en la materia, no es difícil colegir que aquel frustrante paso por el BCRA habrá forjado su carácter y su “ideología” en cuanto a las políticas monetarias y a la propia existencia de la entidad, mezclando un poco de la teoría filosófica que propende a la abolición del Estado y sus instituciones para liberar el mercado privado, y otro tanto de rencor, de irracionalidad.
Porque, en definitiva, ¿quién no ha soñado alguna vez con “dinamitar” aquel lugar de donde ha sido expulsado en forma humillante…? Ello puede ser solo un sueño, una aspiración abstracta; pero en el Presidente de la Nación parece haberse convertido en una irredente y rumiante compulsión.
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