La historia del hijo abandonado por Videla, el genocida reivindicado por el periodista Mario Massaccesi
Tras las declaraciones sobre el "costado humano" del dictador, resurge el relato de Alejandro Eugenio Videla, el hijo con discapacidad que la familia ocultó.
La historia del hijo abandonado por Videla, el genocida reivindicado por el periodista Mario Massaccesi
Las recientes declaraciones del periodista Mario Massaccesi, quien aseguró estar armando un documental sobre la supuesta "espiritualidad" de Jorge Rafael Videla, reavivaron el debate sobre el genocida. Lejos de aquella imagen de padre de familia que el dictador intentaba proyectar, la realidad puertas adentro escondía una faceta despiadada.
Según detalló en un exhaustivo informe la periodista Melina Viudez Schenone de Perfil, la familia del líder del terrorismo de Estado ocultó sistemáticamente la existencia de Alejandro Eugenio, el tercer hijo del matrimonio con Alicia Raquel Hartridge, quien fue diagnosticado desde muy pequeño con oligofrenia profunda y severos cuadros epilépticos.
El encierro familiar y una macabra paradoja histórica
Nacido en octubre de 1951, Alejandro nunca pudo alcanzar una autonomía básica y su edad mental se estancó en la de un niño de cinco años. Para mantener la fachada de una familia "perfecta", los Videla acondicionaron en su casa de Hurlingham una habitación con paredes acolchonadas para evitar que se lastimara durante sus crisis, aislándolo de la mirada pública.
Tras un viaje a Estados Unidos en 1956 donde los médicos confirmaron que el cuadro neurológico era irreversible, el niño fue enviado temporalmente a una casa de catequesis en Morón. Allí se dio una de las paradojas más crueles de la historia argentina: su cuidado cotidiano quedó a cargo de Alice Domon y Léonie Duquet, las dos monjas francesas que, años más tarde, serían secuestradas, torturadas y desaparecidas en la ESMA por la propia dictadura que encabezaba Videla.
El abandono definitivo en la Colonia Montes de Oca
En la década de 1960, el deterioro clínico de Alejandro llevó a la familia a tomar una decisión drástica: trasladarlo a una institución de encierro permanente. El destino fue el Pabellón 7 de la Colonia Nacional "Dr. Manuel Montes de Oca", un inmenso asilo neuropsiquiátrico donde reinaba el aislamiento y el abandono estatal.
De acuerdo a la investigación publicada por Perfil, el joven compartía su destino con otros internos olvidados por la sociedad. Aunque Videla realizaba visitas esporádicas acompañado de su custodia, el trato era distante y frío. El personal del lugar vivía aterrorizado por la presencia del militar; según exjefes del pabellón, los médicos y enfermeros prestaban atención extrema porque sabían quién era y "no querían exponerse a un tiro en la oreja".
Una "prueba de Dios" y un final en las sombras
Alejandro Eugenio falleció en junio de 1971, a los 19 años de edad, producto de un paro cardíaco derivado de su deterioro físico general, mientras su padre ya ocupaba un cargo de poder como director del Colegio Militar de la Nación.
Lejos de la "espiritualidad" que hoy algunos intentan adjudicarle, el represor procesó la tragedia desde su integrismo católico más extremo. El genocida justificaba la severa discapacidad y el encierro de su hijo considerándolos simplemente como una "prueba de Dios" para templar su carácter. Esta frialdad emocional fue la misma que, años después, le permitió orquestar el plan sistemático de desaparición y tortura más sangriento de la historia del país.
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