Advertencia fatal: "Los jóvenes son militantes del riesgo"
*Lo afirma el sociólogo Marcelo Urresti, quien también habla de la cultura del descuido que vivimos los argentinos.
*Chicos y chicas manejan borrachos y mueren de a miles en accidentes de autos en una especie de genocidio juvenil.
*El alcohol, la droga y los deportes “extremos” matan a los jóvenes, mientras que la sociedad no ofrece estrategias concretas para evitarlo.
¿Estamos frente a un “genocidio” de jóvenes en la Argentina?
1. Los controles públicos tienden a relajarse y padecen corrupción, desidia y descuido, lo que no permite prever situaciones.
2. Los jóvenes son militantes del riesgo, porque no lo calculan o lo calculan pero lo desafían, siempre desde el plano físico, no desde lo mental o lo espiritual. La relación del joven con la muerte es muy distante, sienten una invulnerabilidad que los lleva a conductas temerarias que pueden costarles la vida.
3. La cultura individualista hace que la gente piense que las desgracias no les van a ocurrir, que esas cosas les pasan a otros, entonces no usa el cinturón de seguridad o no tiene precauciones que los afectan a ellos y a los demás.
“En la Argentina hay una cierta cultura del descuido general y en especial en los jóvenes que, por sus características, se sienten inmortales –explica Urresti-. Hay sociedades donde esta particularidad de los jóvenes se conoce y se establecen políticas que intentan reducir el riesgo: se trata de incidir directamente sobre las cadenas de factores de riesgo. En nuestro país, en cambio, se avanza sobre estos aspectos después de que ocurre una desgracia, porque hay urgencias que acaparan la atención y no hay un grupo de personas destinado a trabajar en la prevención”, señala el especialista y plantea que, en la Argentina, la urgencia siempre es más importante que la necesidad, mientras que en las culturas anglosajonas la seguridad es primero y es pública.
Urresti dice que en la Argentina, una de las principales causas de muerte por cuestiones externas son los accidentes que tienen que ver con el descuido. “Un ejemplo fue Cromañón, que fue una suma de corrupción, desidia y 'a mí no me va a pasar': tiro la bengala, si total a mí no me va a pasar nada, es lo que piensan los jóvenes”, afirma el sociólogo, que, además, asegura que los argentinos tenemos un bajísimo autocontrol: “Solamente funcionamos cuando los controles vienen de afuera. –señala Urresti-. Por ejemplo, para que la gente usara el cinturón de seguridad hubo que poner multas y en la calle, en vez de pensar que se trataba de una campaña de prevención, se comentaba que Aníbal Ibarra –el jefe de Gobierno de entonces-, tenía que “hacer caja”, lo cual es ridículo”.
En síntesis, y siguiendo la línea planteada por el sociólogo, los argentinos tendríamos que hacer modificaciones desde lo individual y desde lo colectivo para dejar de lamentar las muertes de miles de jóvenes.
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