Ascenso y caída de un hombre de la noche llamado Daniel Bellini [Nota 1 de 2]

Sociedad

*El dueño del boliche Pinar de Rocha, que ahora está acusado de matar a su mujer de un disparo en la cabeza ya tuvo varios problemas con la Justicia.
*Su local bailable fue el escenario de verdaderas "fiestas sexuales" y la policía allanó el boliche en varias oportunidades en busca de droga.
*Aquí, una de sus andanzas más espectaculares: la falsificación de dólares.


 


“¿Cómo puede enterarse un agente secreto de la Reserva Federal de los Estados Unidos (equivalente al Banco Central de la República Argentina), atornillado en su despacho de Washington, que en el Oeste del Gran Buenos Aires, en una quinta de Parque Leloir, se falsificaban dólares con un 98% de fidelidad a lo que es el billete original..?”  El interrogante lo formuló un funcionario judicial de Morón cuando un delegado de la Embajada norteamericana en Buenos Aires se presentó a denunciar, a principios de la década de 90, el delito de adulteración de moneda que estaba gestando una banda encabezada por Daniel Bellini y su socio, el pintor de cuadros conocido como “el Gallego Fernández”.

El dueño de Pinar de Rocha, ahora involucrado en la muerte de su joven mujer, era un empresario de la noche de Ramos Mejía muy popular en la zona desde los años 70. Las fiestas sexuales que organizaba Bellini en su local (a puertas cerradas, obvio) a la que concurrían desde políticos, militares en los días del Proceso, sindicalistas, funcionarios judiciales y casi todo el “jet set” del Oeste bonaerense y nacional, habían hecho de este hombre una figura casi intocable en todo lo que se refiere al negocio del “sexo, droga y rock and roll”.  Pero imaginar que Bellini tenía montada una imprenta clandestina en la que falsificaba con pulcritud de artesano el papel billete más codiciado del mundo, constituía un secreto que casi nadie, dentro y fuera de su entorno, podía suponer.


 


Es cierto que en ámbitos vinculados al negocio de la prostitución y la droga algún otro delito es previsible, pero fabricar dólares truchos no es un plato que cualquier cheff esté en condiciones de cocinar.  Principalmente por los ingredientes que exige ese manjar tan exclusivo: papel y tinta especiales que no se consiguen en cualquier comercio, imprentas y guillotinas calibradas con exactitud milimétrica, y un dibujante profesional capaz de reproducir las filigranas del dólar con la maestría de un Leonardo Da Vinci.


 


Pero Bellini reunió todas esas piezas claves y se lanzó a la adulteración y puesta en circulación de una cifra que se estimó en los siete millones de dólares. “El gallego” Fernández (detenido nuevamente por el mismo delito en diciembre pasado) fue su socio principal de esa monumental empresa.


Como todo hombre influyente, cuando el juzgado de Morón libró la orden de allanamiento a su quinta de Parque Leloir, Bellini recibió la llamada anónima de una “garganta profunda” amiga, alertándolo que una comisión policial iba en su búsqueda.


 


La banda de falsificadores estaba celebrando con un asado la salida al mercado de una nueva tanda de billetes, y el aviso no dio tiempo ni a degustar las achuras. Todos los comensales huyeron despavoridos sin probar bocado y en el desbande ni tuvieron tiempo de poner en marcha los autos. Los dejaron abandonados en el lugar y escaparon a pie minutos antes de que policías, autoridades judiciales, delegados de la Embajada de los EEUU y hasta agentes secretos de la Reserva Federal norteamericana llegados a Buenos Aires especialmente para llevar a cabo este operativo, cayeran en varios vehículos sobre la imprenta clandestina.

Los sabuesos del Servicio Secreto de la Reserva Federal de USA quedaron maravillados por la perfección del sistema de impresión montado en los galpones de la quinta, pero no se conformaron con desbaratar la tecnología de adulteración y exigieron la cabeza de los responsables. Eran tiempos de “relaciones carnales” con USA y hasta la SIDE de Carlos Menem destinó sus mejores agentes a la búsqueda de los delincuentes. 


 


Para EEUU, la existencia de un circulante multimillonario de dólares falsos es una pesadilla que combaten tanto o más que al terrorismo. Les desestabiliza la economía y según voceros de entonces de la Reserva Federal, el principal adulterador del mundo de ese billete es la República de Irán (esto dicho hace casi dos décadas, cuando Teherán no era el fantasma que es actualmente). Pero después del Estado islámico, los mejores y más fieles billetes encontrados fueron los del “rey de la noche” bonaerense.


 


Los socios de Bellini, comenzando por “el gallego” Fernández y su secretaria, quienes fueron detenidos unos pocos días después, pero el paradero del dueño de Pinar de Rocha seguía siendo un misterio que tardó en develarse.

El interrogante inicial... "¿cómo supo EEUU que en Parque Leloir se imprimían billetes que ni salieron a la plaza internacional?", que se formuló un funcionario judicial de Morón lo respondió antes de irse de la Argentina un agente del Servicio Secreto norteamericano: “El dólar verdadero se imprime en papel de fibra de arroz. Todas las fábricas en el mundo que producen ese papel o alguno de calidad inferior pero igualmente apto, son monitoreadas desde Washington para impedir las adulteraciones”.


El error que provocó la caída de Daniel Bellini fue no conocer que ese implacable Servicio Secreto siguió la ruta del papel adquirido por su banda desde su lugar de fabricación (en una planta probablemente de España, aunque nunca se confirmó oficialmente) hasta la imprenta de Parque Leloir.


 


En nuestra próxima entrega, la cacería humana que llevó a la detención de Daniel Bellini en Paraguay y la participación que le cupo en esta historia al hasta entonces desconocido abogado de Pinar de Rocha, Hernán Bernasconi, futuro juez federal de Dolores y artífice de la desopilante detención de Guillermo Cóppola y otras figuras de la noche porteña.

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