Aumenta la fobia a volar por problemas en la seguridad aérea

Sociedad

* Los incovenientes con el radar de Ezeiza, como así también los cuasi choques entre los aviones,generaron más preocupación en las personas que sufren por el temor a volar y aumentan las consultas para saber cómo perder el miedo.
* Por $500 se dictan cursos con pilotos y psiquiatras que buscan tranquilizar a esas personas.
* Un especialista explica esta fobia y un pasajero cuenta a minutouno.com la pesadilla que le resulta subirse a un avión.

Los inconvenientes en la seguridad área, que comenzaron a principios de mes cuando un rayo dejó fuera de servicio el radar de Ezeiza, y los cuasi choques entre dos aviones generaron más preocupación en aquellas personas que sufren por el temor a volar, aunque la alarma también se encendió para los pasajeros más acostumbrados a subirse a un avión.


 


Históricamente, la mayoría de las consultas estaban relacionadas a la preocupación por las condiciones climáticas a la hora de viajar en avión. Sin embargo, en las últimas semanas se conoció la noticia de que dos aviones estuvieron a punto de chocar -en pleno vuelo- en la provincia de Chaco y eso aumentó la incertidumbre de los pasajeros que le temen a volar.


 


¿Pueden chocar los aviones?, es la pregunta más escuchada por los psicólogos y psiquiatras que abordan estos temas.


 


El inconveniente de los radares



La noticia sobre la falla en el radar primario de Ezeiza no sólo generó fastidio, ansiedad, y bronca entre los pasajeros que muchas veces no recibieron la respuesta que solicitaron, sino que también puede generarles estrés que puede aumentarle su vulnerabilidad a padecer un temor extremo a la hora de embarcar un avión.

“La aerofobia es la evitación absoluta a viajar y se define como un miedo irracional y tiene mas que ver con el orden de la fanstasía pero en estos momentos se ve potenciado por la realidad del problema de los radares”, expresó a minutouno.com Claudio Plá, médico psiquiatra y director de “Poder volar”, un lugar que dicta cursos para ese tipo de pacientes.

Plá explicó que en las últimas semanas están aumentando las consultas por ese tema porque esas personas acumulan vivencias negativas ya que se han asustado con turbulencias severas o incidentes menos frecuentes como el aterrizaje con mucha tormenta y pero que son vividos como alto riesgo en el imaginario de esa persona.

Sobre una encuesta que realizó la consultora Graciela Romer y Asociados sobre 800 pasajeros, un tercio de ellos admitió tener temor a alguna fase del vuelo, mientras que uno de cada cinco entrevistados estimó que esos miedos se van a incrementar a lo lago de su vida.


 


"La noche anterior a viajar se me cierra el estómago"


 


Desde febrero de 1992 cuando por primera vez se subió a un avión que lo llevó de vacaciones a Estados Unidos con su familia, Gastón no puede manejar el miedo que tiene a que se caiga la nave en la que viaja.


 


“La noche anterior a viajar no como nada porque se me cierra el estómago y voy al baño por lo menos cuatro veces al día por los nervios que tengo. Durante el viaje voy del lado de la ventanilla, no me saco en ningún momento el cinturón de seguridad y no tomo ni como nada”, comentó.



Plá estimó que las personas que tienen que viajar por trabajo pueden ser los más afectados por la aerofobia ya que al viajar más seguido están más expuestos a “sensibilizarse” ante reiterados episodios vividos a bordo como puede ser una fuerte tormenta o las constantes turbulencias.


 


Cursos para animarse a viajar



El curso que dicta “poder volar” se viene llevando a cabo desde agosto pasado en un aula en el Aeroparque Jorge Newbery. Dos pilotos le explican a esos pasajeros las medidas de seguridad de los aviones y además reciben la contención de dos psiquiatras

Los cursos individuales duran cuatro horas, se dictan en un mismo día y cuestan $500. Los grupales se cursan ocho horas y sale $660. Ambas modalidades incluyen material y seguimiento antes y después del viaje.

“En algún momento voy a tener que hacer algún curso porque quiero sufrir lo menos posible. Pero antes de viajar a España el año pasado fui a un psiquiatra para que me de unos pasillas para poder estar más tranquilo y por suerte dormí todo el viaje”, recordó Gastón.

Dejá tu comentario