Bodoc, la "Tolkien" argentina

Sociedad

*Como el autor de El señor de los anillos, la escritora santafesina Liliana Bodoc se adentra en la épica fantástica, pero esta vez, para crear mundos con una mirada americana.
*Quién es la mujer que se ateve con un género poco habitual en nuestro país y que con sus libros logró un éxito persistente generado por el boca a boca.

Imaginar otros mundos posibles parece tener un gran atractivo: Tolkien con El señor de los anillos, Ursula K. Le Guin con los libros de Terramar y hasta J.K. Rowling con su Harry Potter, encontraron eco en los lectores que disfrutan de las sagas que no terminan en un solo tomo y que los invitan a recorrer nuevas geografías.

Y tanto para los amantes del género como para los novatos, en el año 2000 la épica fantástica dio a luz una obra con impronta sudamericana: Liliana Bodoc, una docente santafesina que estudió Literatura Moderna en Mendoza, se animó a convertirse en hacedora de mundos y publicó Los días del Venado. Más tarde, Los días de la Sombra y Los días del Fuego completaron La saga de los confines, una trilogía que se nutrió de la cultura de los habitantes originarios de América. La obra fue premiada y traducida a varios idiomas y solamente en la Argentina se realizaron 16 ediciones y se vendieron más de 120 mil ejemplares.

Con La saga de los confines, Liliana Bodoc  inauguró una épica americana.     

La autora, que reconoce y agradece profundamente la influencia de los que escribieron épica antes que ella, aclara que la suya es una épica americana: “La influencia está y es evidente, todos tenemos maestros a los que agradecerles –dice la escritora-. Pero aunque el sello del género está muy presente, la carne de este esqueleto genérico es otra completamente diferente. Son otros hombres, otras razas, otros pensamientos y otra ideología”, subraya. De hecho, la figura del héroe, que en El señor de los anillos, por ejemplo, es tan clara e individual, en las obras de Bodoc se hace colectiva y se distribuye en las comunidades que se dan fuerza y actúan buscando un beneficio común.

A veces, los sueños se hacen mundos

Ahora, casi tres años después de que el último libro de la trilogía viera la luz, la autora llega a las librerías con Memorias impuras. Los Padres, una historia publicada por Planeta que también promete continuar.

“Esta vez se trata de un díptico –anticipa Bodoc a minutouno.com-. Pienso que, para septiembre de 2008 va a salir Los huérfanos, la segunda parte de la historia de la revolución que sucede en un Virreinato”.

"Memorias impuras. Los padres", el último libro de la escritora santafesina, es el primero de un díptico y narra la historia de una revolución.

Para Memorias impuras, la autora buscó sustancia en distintos textos sobre el Virreinato del Perú y sobre los esclavos africanos. Así, volvió a construir cosmovisiones en este nuevo mundo compuesto por tres razas –los crudos, los cue-cués y los mitimaes- y las distintas mezclas raciales de las que surgen los cambujos. La cultura y las costumbres que llegaron de África, los rituales umbanda y el culto a los muertos –imperdible la participación de las momias en la historia- llenan de magia las Memorias de Bodoc.

Una pregunta acerca de la presencia de los sueños –que aparece claramente en este último libro y atraviesa toda la obra de Bodoc- la lleva a recordar un diálogo que fue revelador: “Ya había leído sobre la importancia de los sueños entre los mapuches, pero en una visita a Chile, una señora mapuche me dijo que tenía tres cabras porque las había soñado, con la misma seguridad con la que me podría haber dicho que tenía tres cabras porque las había comprado”, relata la escritora y admite que recién en ese momento tomó conciencia de lo que era la diversidad cultural, que vuelve a aparecer en su nuevo libro como una verdadera celebración.

“Para contar Memorias impuras elegí  trabajar con un narrador que tiene una actitud escéptica frente a la realidad, un cronista que no toma partido frente a los hechos que relata, que al menos al principio no  se apasiona, aunque su actitud va a ir cambiando muy lentamente y, en la segunda parte se va a ver un giro más radical”.

El narrador neutral le permitió a Bodoc poder argumentar desde los malvados con una voz verosímil y no repetir al relator  apasionado de La saga de los confines: “Los mismos maestros bagual se desgastan en rencillas por el poder, no son inmaculados”, reconoce.

Esta vez, la autora eligió un narrador neutral para poder argumentar desde los malvados con una voz verosímil.    

El relato, hilvanado por este misterioso cronista cuya identidad se va a revelar recién en Los huérfanos, empieza con un fin: con la muerte del virrey, el terror gana la calle en manos de la virreina y su consejero que deciden endurecer las condiciones de vida de la población para dar paso a un poder basado en la opresión. Los rebeldes, mientras tanto, se reorganizan bajo el ala de la Logia Bagual y organizan una revolución que no cabe en un solo tomo.

 “Excepto El linchamiento, una novela realista muy cortita que todavía no se publicó y que narra la vida y la muerte de un yuyero boliviano en Buenos Aires, los dos grandes proyectos que he emprendido fueron historias macro, historias de culturas que me han requerido más espacio que una novela”, dice la escritora y explica que le parece necesario que exista un tiempo y un silencio entre cada una de estas historias.

Además de la trilogía y de este último con destino de díptico, Bodoc escribió Diciembre súper álbum, Reyes y Pájaros, La mejor luna y Sucedió en colores, para alegría de los chicos –y de sus padres también-.

“En mi caso, todo empieza con las ganas de decir alguna cosa que tiene que ver con lo ideológico, con lo humano, con lo ético y hasta con lo político. A partir de ahí busco despegarlo de lo panfletario y de lo didáctico para encontrar un forma estética y literaria de contarlo”, plantea la escritora, describiendo la raíz de su proceso creativo.

Además de la trilogía de "La Saga de los confines" y el último "Memorias impuras", Bodoc escribió varios títulos de literatura infantil como "Reyes y Pájaros", "Sucedió en colores" y "La mejor luna".

Y en relación a su estilo, Bodoc recuerda que fue muy lectora de poesía y que ve esa influencia en su forma de escribir. De hecho, en Memorias impuras está Tovar, un personaje que, según la autora, es el alma de la revolución y representa un homenaje a los poetas.

“A pesar de que tengo muy mala memoria para otras cosas, puedo leer dos veces una poesía y repetirla perfectamente”, dice la escritora y asegura que aunque no le interesa escribir sin decir nada, le preocupa la forma. “No se trata sólo de elegir palabras para que suenen bonitas, la forma puede dejar de ser sólo un complemento para transformarse en contenido. La poesía no debe invalidar la acción de una novela, debe venir montada en la acción, aunque hay momentos en los que se hace necesario dar como un golpe de lirismo”, plantea una escritora cuya prosa tiene mucho de poesía.

Cuando lo fantástico recorre lo cotidiano

Liliana recibe en su casa con la sencillez de quien disfruta de lo cotidiano: mientras se desarrolla la entrevista, llega el pedido de la verdulería y ella agradece y manda saludos. Prepara café y ofrece azúcar rubia para endulzarlo. En la casa, pequeña, ordenada y con un estilo rústico, se respira un aire de tranquilidad y calidez que se repite en su dueña: las zapatillas y el pelo largo atado le aportan comodidad a una figura que, sin apuro y sin maquillaje, se dispone para la charla y para hablar de cómo se expresa lo fantástico en su vida cotidiana.

“Mi vida es común y corriente y me gusta que mi cotidianeidad sea absolutamente simple, sin embargo, algún tipo de pensamiento mágico me acompaña siempre –dice la escritora-. Tengo la sensación de que hay muchas cosas más allá de las que puedo ver, algo que nos protege a todos, a pesar de que racionalmente no podría sostenerlo demasiado”, acepta y ofrece un ejemplo: “Si mi hijo se va de viaje siento que si pienso particularmente en él e invoco a Alá, eso lo va a acompañar, es una especie de convicción de que hay un mundo decididamente mejor para la especie humana”, aclara.

Liliana tiene la convicción de que hay un mundo decididamente mejor para la especie humana y afirma que esa certeza es la que le permite escribir.    


Y según Liliana, es esta certeza la que le permite escribir y la que le da sentido a todo: “Aunque nada parezca confirmarlo, sino todo lo contrario, realmente quiero creer que el mundo puede ser mejor, si no viviría con una profunda tristeza porque cuando el mundo se acaba en uno todo pierde sentido”, afirma, esperanzada.

El nombre de Alá dispara la curiosidad: sí, Liliana Bodoc es musulmana, y por pura elección: “Mi madre era muy católica, pero ella murió cuando yo era chiquita de modo que mi casa estuvo sesgada por el ateísmo inflexible de mi papá. Sin embargo, hubo un momento de mi vida en el que tuve una necesidad muy fuerte de acercarme a Dios, pero jamás –y tal vez ahí esté la marca de mi papá- me hubiera acercado al catolicismo –reconoce Liliana-. La vida me llevó a una mezquita y yo siempre digo que si no me hubiera abierto la puerta la persona que me atendió ese día, una persona puro corazón que me mostró la parte menos dogmática del Islam, que le dio importancia a lo que es importante y no a no comer cerdo o a taparse el pelo, no me hubiera hecho musulmana. Si me hubiera atendido uno de esos sheik que conocí después, que no me daban la mano porque era mujer y además conversa, las cosas hubieran sido distintas”, arriesga.

Y también hubieran sido distintas las cosas si Liliana no se hubiera atrevido, cuando era profesora y escritora inédita, a salir a recorrer editoriales con su primer manuscrito bajo el brazo. Gracias a ella, hoy tenemos una épica americana en crecimiento, porque su autora sigue animándose a soñar nuevos mundos.

Gabriela Lima

Dejá tu comentario