Confirmado: los cambios de clima bruscos nos vuelven locos

Sociedad

*Llueve torrencialmente, hace un calor insoportable, los mosquitos nos atacan, los repelentes desaparecen y las calles se inundan.
*Junto con el olor a humedad que no podemos despegarnos de la ropa, la irritabilidad y el mal humor forman parte de nuestro “look” cotidiano.

Adentro, sábanas y toallas huelen a humedad y los pisos no terminan de secarse después de pasar el trapo. La ropa colgada sigue mojada durante días y en el lave-rap casi hay lista de espera. En el techo del dormitorio, cuatro o cinco mosquitos esperan que apaguemos la luz para servirse la cena.

Afuera, diluvia, llueve o está nublado –más lo primero que lo último- y hace un calor espantoso. Las baldosas flojas que salpican, los colectivos asfixiantes y el aire caliente y pegajoso ya son cosas de todos los días. El paraguas subió de categoría y ya forma parte de la “canasta básica”.

“¿Cómo no vamos a volvernos locos?”, se pregunta Silvia Gross, psicóloga y Jefa del Servicio de Violencia Familiar del Hospital de Emergencias Psiquiátricas Torcuato de Alvear, del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
El clima loco vuelve locos a todos los seres vivos: personas plantas y animales buscan la manera de adaptarse a las nuevas condiciones.    


Según la psicóloga, esta situación afecta a todos los seres vivos: “Las plantas no saben si tienen que dejar caer las hojas o si tienen que reverdecer y los animales también se resienten”.

Aunque estamos en otoño, si seguimos así las hojas secas van a pasar a la historia y los árboles van a recibir monos y guacamayos atraídos por nuestro nuevo clima sub-tropical.

“El calor agobia y no deja pensar, y aunque es la época en la que deberíamos estar con el saquito puesto, seguimos con el aire acondicionado prendido” –dice Gross- y explica que la humedad y el calor provocan irritabilidad y mal humor. “Todos nos ponemos más intolerantes, tenemos menos paciencia y más ganas de estar solos y esto afecta a la pareja, a la familia, a los chicos en la escuela y a sus maestros”, asegura.


Silvia Gross sugiere usar el humor para tomarse la situación de otra manera y encontrar el disfrute donde sea posible.    


Y a pesar de que haya que salir de pantalón largo y buzo porque no se consigue más repelente para combatir los mosquitos, a pesar de que el traje sea una especie de sauna con la humedad y las temperaturas que rondan los 30 grados y más, a pesar de que las calles se inundan, las bolsas de basura pasan como barquitos de papel, se corta la luz y nos quedamos sin Internet –y a veces sin computadora-, Gross sugiere tomarse con humor los cambios de clima y buscarles el lado positivo: “Si diluvia y existe la posibilidad de quedarse en casa, hay que ver qué disfrute puede traer esto: tal vez un rato de soledad y  sexo para la pareja, un paréntesis obligado que puede mejorar considerablemente el humor”.


 


Sea lo que sea, hagamos algo y cantemos: "Yo no quiero volverme tan loco", mientras chapoteamos por la vereda con el agua hasta la rodilla.

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